Hoy en día, más del 95 % del dinero en circulación es emitido por los bancos comerciales en forma de préstamos que deben ser reembolsados con intereses, lo cual crea deudas imposibles de pagar para los gobiernos, las empresas y los individuos. Lo que propone la revista San Miguel es que un organismo independiente cree, en nombre de la sociedad, dinero sin interés, emitido según las necesidades de la población.
¿Sobre qué se basaría este dinero de la Democracia Económica?
Sobre la misma base que hoy: sobre la producción, sobre las cosas que el dinero sirve para comprar. Todo dinero que no esté basado en una producción, actual o potencial, sería pura y simple inflación.
Pero, ¿no está el dinero de hoy basado en el oro?
La base en oro es un mito. ¿Qué relación puede haber entre el oro que hay que sacar de las entrañas de la tierra y las cosas que alimentan, que visten, que alojan, que curan, que descansan, que recrean, que educan?
Ponga todo el oro del mundo frente a la nada, por ejemplo en el Polo Norte. Sea usted el dueño de todo ese oro, frente a la nada. Simplemente morirá de hambre.
Incluso cuando en las bóvedas de los bancos se mantenía cierta cantidad de oro —por ejemplo, veinticinco centavos en oro por cada dólar en papel—, el oro, al igual que el papel, no tenía valor monetario sino por la producción ofrecida. Destruya toda la producción de las granjas y de las fábricas y conserve el oro: ¿con qué va a vivir?
Pero destruya todo el oro y conserve las granjas y las fábricas: vivirá tan fácilmente como antes, siempre que no sea tan insensato como para esperar oro antes de morder el pan.
El dinero es una convención. El instrumento monetario puede estar hecho de cualquier cosa, con tal de que todos lo acepten a cambio de productos o servicios.
Pero estamos tan acostumbrados a un dinero basado en el oro que nadie querrá aceptar un dinero que ya no esté basado en el oro.
¡Vamos! En 1914, cuando estalló la Primera Guerra Mundial, los depositantes ingleses corrieron a sus bancos para retirar su dinero en lingotes de oro. Algo evidentemente imposible, puesto que el oro representaba solo una fracción del dinero en circulación.
Los bancos cerraron sus puertas. El gobierno hizo imprimir por el Banco de Inglaterra libras esterlinas en papel y decretó que eran moneda de curso legal al mismo título que el oro. Los bancos reabrieron. Los ingleses recibieron papel, y la vida continuó.
En Canadá, el 30 de abril de 1940, el gobierno decidió suprimir la base oro para todo el dinero del país. El oro fue transferido al control de cambio extranjero, es decir, para servir como mercancía de intercambio entre los países.
Nota: Desde la Primera Guerra Mundial en 1914, todos los países abandonaron el patrón oro, que en realidad nunca había funcionado bien, pues las necesidades de dinero superaban ampliamente la cantidad de oro disponible. Después de los acuerdos de Bretton Woods en 1944, solo el dólar estadounidense era convertible en oro, y únicamente los bancos centrales de otros países —no los individuos— podían obtener oro a cambio de dólares estadounidenses. Evidentemente, la demanda pronto superó la cantidad de oro disponible, lo que llevó al presidente estadounidense Richard Nixon a poner fin a este acuerdo en 1971.
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