Recopilado por Carlos Reyes

Tenía 9 años María del Carmen González-Valerio, cuando agonizaba hacia 1939 en Madrid. Desde su primera comunión, a los 6 años, tiene una espiritualidad especial. En el 36 unos milicianos comunistas han matado a su padre. Hace todo tipo de oraciones y buenas obras para Dios. Le da sermones a su madre para que no arregle la casa porque "mamá, tu casa es el cielo; cuando vas de viaje y pasas la noche en un hotel no te preocupas de adornar el cuarto ni pones la foto de papá. Es que una noche se pasa de cualquier modo. Pues, mira, mamá, así es la vida, así es como estamos en este mundo". En su cuaderno escribe « Me entregué a Dios en la parroquia del Buen Pastor, 6 de abril 1939 ».

 En su lecho de enferma (desde el 6 de abril de 1939) pregunta por Azaña, el presidente de la República, para ella símbolo de la persecución religiosa de los que asesinaron a su padre. "Mamá, ¿Azaña se salvará?" "-Si haces penitencia y rezas por él, sí, se salvará". A veces le dice a su tía: "Tía Fifa, recemos por papá y por todos los que lo han matado". Muere el 17 de julio de 1939. El 3 de noviembre de 1940, Azaña muere en Montauban (Francia). Según el testimonio escrito de Monseñor Théas, obispo de la diócesis, que asistió a Azaña en esos momentos, se confesó, recibió la Extremaunción y la Indulgencia Plenaria. Murió esperando ver a Dios. Nunca supo en vida de la existencia de esta niña de nueve años que había orado y sufrido por él. Hoy, la pequeña Mari Carmen de Madrid es ya la venerable María del Carmen González-Valerio.

Otra niña madrileña, como Mari Carmen y Alexia, es la sierva de dios Pilina Cimadevilla López-Dóriga. También para esta última la Primera Comunión es una transformación espiritual. Muere a los 10 años tras nueve meses de luchar contra la enfermedad de Hodgkin. Se quejaba poco, ofrecía en oración sus dolores por las misiones. Médicos, sacerdotes y enfermeras estaban asombrados de su entereza.

En Francia está la pequeña Anne de Guigne, asombrosa por su santidad de lo cotidiano. En Italia se postula la santidad de Antonietta Meo, Nennolina, de quien publicamos una pequeña biografía. Su fortaleza en una enfermedad terrible provoca la conversión del cirujano que la atendía cuando ella murió a los 7 años.

Nennolina Meo (Antonietta)

Narrar la historia de una niña que vivió solo hasta la edad de 6 años y medio parece fácil y sobretodo breve. Luego se descubre que la existencia de algunas personas no se mide solo por los años que vivió sino por la importancia y la densidad de los eventos que la caracterizaron.

Las huellas que nos ha dejado son profundas y evidentes, así como lo son los signos que las representan en las páginas de sus cartas.

A estas cartas Jesús ha respondido y continúa respondiendo hoy, manteniendo vivo el recuerdo de Nennolina, de su mensaje de amor que exprime acogimiento y devoción, un mensaje absoluto, extremo y total.

Esta "correspondencia'refleja el tono de un diálogo místico, alrededor del cuál la Gracia de Dios construye la imagen de un testigo de nuestro tiempo. Por esto Nennolina es un modelo de santidad, un ejemplo para todos, una pequeña amiga que espera una respuesta de fe en cada uno de nosotros.

Es hermoso ver el mundo con "los ojos simples'de una niña y comprometernos para mejorarlo con nuestra presencia empezando desde este momento.

El nacimiento

« "Ya que el nombre de Antonietta nos parecía demasiado largo, pensamos en llamarla con un diminutivo; y después de varios tentativos decidimos por Nenne; y de aquí cariñosamente se transformó en "Nennolina' ».

Nennolina nace en Roma el 15 de diciembre de 1930, cuarta hija de María y Michele Meo, Margherita es la hermana más grande. Una hermana y un hermano, Carmela y Giovanni, murieron prematuramente. El 28 de diciembre, Fiesta de los Santos Inocentes, recibe el bautizo en la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén, su Parroquia.

Su historia es profundamente marcada por la Cruz de Cristo y constelada de hechos extraordinarios, muy singulares ya que Antonietta es una niña normalísima.

La familia

Es una familia normal de la Roma de los años 30, tranquila, serena, en donde la frecuencia de la vida parroquial es intensa y se reza el rosario "todos juntos". El padre, Michele Meo, es empleado en la presidencia del Consejo de Ministros; la madre, María, se ocupa de la casa y de la educación de Margherita, la hija más grande y de Nennolina. Pero también encuentra el tiempo para participar activamente de la vida parroquial y en las reuniones de Acción Católica. 

La niña

En las fotos aparece con su corte de cabello de pajecillo y sus ojos negros grandes y sonrientes, con baldecito y pala en mano, mientras juega con los niños en la playa. 

« Mi hermana -recuerda Margherita- era una niña alegre, muy vivaz y traviesa, como son los niños a esa edad ». En octubre del ´33, fue inscrita en la escuela de las monjas muy cerca de casa. « Iba muy contenta y muchas veces cuando jugábamos juntas me decía: "Yo en la escuela me divierto tanto... ¡iría hasta en las noches!'. Se unió mucho a la maestra y las monjas decían a mi madre: "¡Es el movimiento perpetuo! Pero es muy inteligente y aprende rápidamente. Es una niña madura para su edad' ». A los cuatro años fue inscrita en la sección'Pequeñinas'de Acción Católica. A los cinco pasa a las Benjaminas de la Juventud femenina.

Nennolina manifiesta pronto el deseo de rezar y de dialogar con Jesús, a quién siente cercano como a un amigo.

« Un día, tenía poco más de tres años, - cuenta la madre - agregó a sus rezos: "Jesús hazme la gracia de morir antes de cometer un pecado mortal'. Sentí el corazón encogerse ». No había cumplido aún cinco años cuando sus padres notan que la rodilla izquierda estaba hinchada, pensaron en una de sus caídas. Después de la diagnosis y curas equivocadas, la sentencia: osteosarcoma.

"Antonietta y Jesús": el Calvario y la Cruz

« Querido Jesús eucaristía, estoy tan, pero tan contenta que tu hayas venido a mi corazón. No te vayas más de mi corazón, quédate siempre, siempre conmigo. Jesús yo te amo tanto, me quiero abandonar en tus brazos y haz de mí lo que tú quieras ».

El 25 de abril de 1936, a Antonietta le viene amputada la pierna izquierda, inicia su Vía Crucis, pero también su extraordinaria experiencia de Dios.

El golpe fue tremendo más para sus padres que para ella. Superado el primer período, a pesar de la operación, continúa su vida de siempre, se pondrá un tutor ortopédico, que le permitirá moverse, jugar y arrodillarse para rezar.

La niña aceptó esta minusvalía regalando su'piernita'a Jesús y consolando después a su papá con esta carta del 4 de noviembre de 1936: « Estoy muy contenta que Jesús me haya mandado esta desdicha, así soy su predilecta ».

Sus padres decidieron anticipar la fecha de la primera comunión y así, por las noches, la mamá inicia e enseñarle el catecismo.

Es desde ese momento que Antonietta comienza, primero a dictar a la mamá y a la hermana más grande y luego a escribir sus cartas. Cada noche las pondrá al pié de una pequeña estatua del Niño Jesús a los pies de su cama, « para que Él de noche viniera a leerlas ».

La primera carta tiene fecha del 15 de septiembre de 1936: « Querido Jesús, hoy voy a ir a pasear, voy donde mis monjas y les digo que quiero hacer la primera comunión en Navidad. Jesús ven pronto a mi corazón que así te abrazaré fuerte, fuerte y te besaré. Oh Jesús, quiero que te quedes siempre en mi corazón ». Y después de unos días: « Querido Jesús, yo te quiero tanto, te lo quiero repetir que te quiero tanto. Yo te doy mi corazón. Querida Virgencita, tú eres tan buena, toma mi corazón y llévaselo a Jesús ». A penas Nennolina aprende a utilizar el lapicero, frecuentando el primer año de la escuela primaria, quiso poner como firma:'Antonietta y Jesús'.

« Mi querido Jesús, hoy he aprendido a hacer la'O', así que pronto te escribiré yo sola ». La escritura y los errores presentes en las cartas son aquellos de quién ha aprendido desde hace poco a usar el lapicero.

Antonietta se dirige a Jesús y a María con ternura confidencial. Sus cartas terminarán siempre con abrazos, caricias y besos dirigidos a sus destinatarios celestes. Y de esta tierna intimidad son testigos también las monjas, cuando muchas veces antes de salir de la iglesia, observaron a la niña, acercándose al sagrario exclamar: « ¡Jesús ven a jugar conmigo! ». Pero había algo que verdaderamente era poco común en una niña de cinco años: « Mi buen Jesús, dame las almas, dame tantas, te lo pido con placer, te lo pido para que tú hagas que se vuelvan buenas y que puedan venir contigo al Paraíso ». 

Los Sacramentos

"Antonietta de Jesús": el diálogo místico de Nennolina: « Querido Jesús, mañana cuando estarás en mi corazón, haz como si mi alma fuera una manzana. Y como dentro de la manzana están las semillas, dentro de mi alma haz que haya un armario. Y como dentro de la cáscara negra de las semillas, está la semilla blanca, así haz que dentro del armario esté tu Gracia, que sería como la semilla blanca ». Así le dicta a su mamá el día antes de recibir la Primera Comunión.

La mamá la interrumpe:« ¡Pero Antonietta qué dices! ¿Qué significa dentro, qué es lo que está dentro? ¿Qué quieres decir? ». Trató en vano de disuadirla. Al final Antonietta explicó: « Escucha mamá: imagínate que mi alma sea una manzana. Dentro de la manzana están esas cositas negras que son las semillas. Luego, dentro de la cáscara de las semillas está esa cosa blanca? Bien, haz de cuenta que ésa sea la Gracia »

« Encontré - cuenta la madre - que la comparación, que yo no conocía, era profunda, pero no quise darme por vencida y por eso insistí: "¿Pero estas cosas quién te las dijo? La maestra en la escuela tomó una manzana para hacerles comprender...". "No mamá, no me lo dijo la maestra, lo pensé yo". Luego completó su pensamiento: "Jesús haz que esta gracia se quede siempre conmigo" ».

Nennolina recibe la Primera Comunión en la Noche Buena de 1936. Esa noche, a pesar de que el aparato ortopédico le causaba dolor, los presentes la vieron al final de la misa, quedarse arrodillada por más de una hora, quieta, con las manitas juntas.

Lo que todavía hoy desconcierta a psicólogos y teólogos es que Dios enriquezca de gracias especiales a Nennolina y que, sin forzar su naturaleza sino perfeccionándola con una aceleración de la Gracia, realice en ella tanto una delicada fineza en las cosas del Espíritu como una heroicidad en la condición de sufrir-ofrecer que difícilmente se encuentra en personas de edad madura y después de un largo camino de Fe.

La unión místico-espiritual alcanza una profundidad insondable, cuando la vida de la pequeña es transformada en la relación de amor con su dulce amigo del alma, Jesús y con su madre La Virgen María.

El 16 de octubre de 1936 Antonietta afirma: « Veo la Virgen no el cuadro »; y en enero de 1937: « Yo a veces veo a Jesús »; cuando la mamá le pregunta: « ¿Y cómo lo ves? » Antonietta responde: « En la cruz ». En marzo otra visión: « Ayer vi a Jesús resucitado ». Después Jesús no se hace ver más y Antonietta en abril escribe: « Querido Jesús, yo deseo tanto verte y quisiera que todos pudieran verte, entonces si que todos te querrían más ». En mayo, mientras le dicta una de sus cartas, se detiene como por encanto; la mamá la sacude y cuando la pequeña vuelve en sí dice: « Sabes que he visto a Jesús en la esquina del cuarto ».

El 2 de julio, después de la última Comunión, confía a la mamá: « Lo he visto ésta mañana cuando hice la Comunión ».

A Jesús Antonietta le escribirá 105 cartas, otras se las hará a la Virgen, a Dios Padre, al Espíritu Santo, una a Santa Agnese y una a Santa Teresa del Niño Jesús. A Jesús le pedirá siempre la ayuda de su gracia:« Hoy he hecho un poco de caprichos, pero tú Jesús bueno, toma en brazos a tu niña... »;« pero tú ayúdame que sin tu ayuda no puedo hacer nada »;« tú ayúdame con tu gracia, ayúdame tú, que sin tu gracia nada puedo hacer »; « te lo pido, Jesús bueno, consérvame siempre la gracia del alma ». A Él y a Su mamá no cesará de pedir gracias, para aquellos que le están cerca, para los que se encomiendan a sus rezos y para los pecadores: « Te pido por aquél hombre que ha hecho tanto mal »; « te pido por aquél pecador que tú sabes, que es tan viejo y que está en el Hospital de San Giovanni ».

En mayo Antonietta recibe la confirmación. Son ya los últimos días de su vida. Así cuenta su mamá: « Después de la confirmación Antonietta comenzó progresivamente a empeorar. La fatiga y la tos no le daban tregua. Ya no lograba ni siquiera quedarse sentada y fue obligada a estar en cama. Se veía que sufría, pero a todos, incluso a mí, decía siempre: "¡Estoy bien!". Tal vez con dificultad, pero quizo siempre recitar sus oraciones de la mañana y de la noche.. Pedí luego que el sacerdote le trajera la Comunión todos los días, y las horas que seguían a la comunión eran siempre más tranquilas. [...] A penas podía me pedía también de escribir sus cartas ».

La última tiene fecha del 2 de junio. Y esta será la carta que llegará a las manos de Pío XI. Así recuerda la madre: « Me senté al lado de su cama y escribí lo que Antonietta con dificultad me dictaba: "¡Querido Jesús crucificado, yo te quiero tanto, y te amo tanto! Yo quiero estar contigo en el Calvario. Querido Jesús, dile a Dios Padre que lo amo tanto a Él también. Querido Jesús dame tú la fuerza necesaria para soportar estos dolores que te ofrezco para los pecadores". En ese momento Antonietta tuvo un violento ataque de tos y de vómito, pero apenas le pasó quizo igualmente continuar a dictarme: "Querido Jesús dile al Espíritu Santo que me ilumine de amor y me llene con sus siete dones. Querido Jesús dile a la Virgensita que la amo tanto y que quiero estar cerca de ella. Querido Jesús te quiero repetir que te amo tanto, tanto. Mi buen Jesús te encomiendo a mi padre espiritual y házle las gracias necesarias. Querido Jesús te encomiendo a mis padres y a Margherita. Tu niña te manda muchos besos..."

Sentí repentinamente, viendo cuánto sufría, un ataque de rebelión dentro y en un arrebato de cólera arrugué aquella hoja de papel y la tiré dentro de una gaveta.

Unos días después vino a visitar a Antonietta el Profesor Milani, Protomédico Pontificio, llamado por el Doctor Vecchi para pedir una consultación. Dijo que la niña estaba muy grave y que tenía que ser llevada a la clínica para ser operada de nuevo. El profesor se quedó conversando con la niña y se sorprendió por los dolores que Antonietta soportaba sin lamentarse. Mi marido le habló de las cartas que escribía. Pidió que le mostrara la última y yo no tuve el valor de rehusar. Tomé la carta de la gaveta y se la mostré. Después de haberla leído dijo que quería hablarle al Santo Padre de Antonietta y pidió el permiso de llevar consigo la carta. Le respondí titubeante: "Pero... no sé...si...". "¡Pero señora - dijo- se trata del Papa!".

Al día siguiente un automóvil del Vaticano se detuvo frente a nuestra habitación. Un delegado enviado personalmente por el Santo Padre Pío XI, vino para dar la bendición apostólica a la niña. Nos dijo que Su Santidad se había quedado muy conmovido leyendo la carta. Nos dejó también una carta del Prof. Milani en la que le pedía a Antonietta de recordarlo al Señor y de implorar por el aquellos dones que ella había pedido para sí misma ».

El 12 de junio Antonietta se agrava. Respira afanadamente. Le extraen el líquido de los pulmones. El 23 le resecan tres costillas con anestesia local, dada su condición general tan precaria. Cuenta su mamá: « No puedo ni contar la aflicción de aquél cuerpecito martirizado. Ese día reteniendo las lágrimas le dije: "Verás pequeñita mía... a penas te habrás recuperado nos iremos de vacaciones, iremos al mar... te gusta tanto el mar, ¿podrás bañarte, sabes?..." Me miró...con ternura me dijo: "Mamá alégrate, siéntete contenta... Yo saldré de aquí en diez días menos un poco" ». La mamá no podía saber que en ese momento Antonietta le había dicho exactamente el día y la hora en que habría muerto.

En los días que siguieron, con fortaleza desarmante continúa sonriendo también a las enfermeras que vienen a curarle la herida, a pesar de que las metástasis hubiesen ya invadido y devastado su pequeño cuerpo y a pesar de que la masa tumoral le comprimiese el pecho al punto de provocarle el desplazamiento del corazón. Todos en el proceso testimoniarán el desconcierto de frente a su extraordinaria serenidad. La mamá llegará hasta a dudar que la niña sufriese: « Fui donde el doctor, le dije: "Doctor, yo no creo... dígame la verdad, dígame realmente...¿Antonietta sufre mucho?". "¡Pero señora, qué me pregunta! ¡Que está diciendo! ¡No diga eso! Los dolores son atroces". Regresé a su cama... la voz no me salía, por primera vez le dije: "Antonietta bendice a tu mamá... Antonietta, bendice a mamá". Haciendo un esfuerzo, con su manita, me hizo en la frente el signo de la cruz" ».

El padre testimonia en el proceso así: « Un día, agravadas las condiciones, decidí que a mi pequeñita le dieran la extremaunción. Le pregunté a Antonietta: "¿Sabes qué son los santos óleos?. "El sacramento que se le da a los moribundos" respondió. No quería turbarla, por eso repliqué: "A veces aporta también la salud del cuerpo...". Antonietta se rehusó. "Es demasiado pronto" dijo, y yo no insistí. Pero cuando más tarde el sacerdote le dijo que el óleo santo aumenta la gracia, Antonietta que escuchaba atentamente respondió: "Sí, lo quiero". Respondió con tranquilidad a todas las oraciones, rezó el acto de dolor, luego abrió sus manitas para que el sacerdote las ungiera... Bezó con ternura el crucifijo de su primera comunión. Todo se desenvolvió en paz y simplicidad" ».

La mamá recuerda que vio en sueños a Antonietta, la noche antes de su muerte. Estaba de pié y con un vestido blanco largo: « A mi sorpresa de verla curada, respondía: "no mamá, no me he curado, estoy muerta; pero dentro de unas horas moriré de nuevo, pero no sufriré más, y tú no llores. Debería de haber vivido todavía unos días, pero S. Teresita del Niño Jesús dijo: basta".

En la mañana del 3 de julio de 1937 al alba, cuando el papá se le acercó para acomodarle una vez más la almohada y apoyándole los labios para darle un beso, Antonietta susurró: Jesús, María...mamá, papá...". Fijó la mirada enfrente suyo -recuerda la mamá- sonrió, y luego el último largo respiro ». El día 5 de julio el pequeño ataúd fue transportado, entre la multitud conmovida, a su Parroquia, la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén.