Para entender la teología de la mujer primero debemos recurrir al primer capítulo de la Biblia, el Génesis. En el primer día, Dios creó la luz, y "Dios vio que la luz era buena, y separó a la luz de las tinieblas, llamando a la luz día y a la oscuridad noche, creando así el día y la noche en el primer día".
Ahora bien, existen dos aspectos muy interesantes en este pasaje; el primero es que Dios no dijo que la oscuridad sea buena y que es a la única cosa que no llamó buena; el segundo es que aún no se habían creado ni el sol ni las estrellas, por tanto ¿habrían sido entonces el día y la noche tal como los conocemos ahora? Bien, retomaremos ese tema más tarde.
Cuando Dios creó el firmamento, las aguas, la tierra seca, los árboles, los frutos, el sol, la luna, las estrellas (en el cuarto día), así como los peces, las aves y los animales; fue entonces cuando, en el sexto día, del limo de la tierra, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza; mujer y varón los creó. En el capítulo dos, vemos el segundo hecho relativo a la creación del hombre; y el Señor creó al hombre del limo de la tierra y le sopló en la cara su hálito de vida, y el hombre se convirtió en un alma viviente. Entonces Dios hizo el Paraíso para deleite y vivienda del hombre; también hizo el árbol de la Vida y el árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, así como los cuatro ríos. "Y mandó Dios al hombre: De cualquier árbol del jardín puedes comer, más del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás; porque, morirás sin remedio" (Gen. 2, 16-17)
Dios aún no había hecho a la mujer. El Señor sume a Adán en un profundo sueño, y de su costado saca una costilla, y de la costilla que sacó Dios formó a la mujer. Desde entonces Dios no ha creado nada más. La termo-dinámica (una ciencia probada) manifiesta que toda la materia permanece inmutable, así como la energía permanece igual; por lo tanto no se ha creado nada nuevo, sólo cambian las formas de esas mismas energía y materia; por lo que si ese es el caso, lo último que Dios creó por su propia cuenta (sin la asistencia de un proceso natural o la cooperación del hombre) es la mujer.
¡Bien! Los varones podrían decir que la mujer es la "debilidad" del hombre, y que Dios vio que se equivocó, y por eso terminó Su creación. Por su lado, las mujeres podrían argüir que Dios se reservó lo mejor para el último. La respuesta de por qué Dios creó la mujer al final, explicará quién es realmente la mujer; esa respuesta está en la Sagrada Escritura
El Señor le dio a Adán la potestad para dar nombre a todos los animales, aves, peces y plantas, pero Adán se encontraba solo en la tierra, por eso Dios lo sumió en un profundo sueño y de su costado sacó a Eva. Lo último que Dios creó, sin la cooperación de un proceso natural fue la mujer; del mismo modo, en que Dios crearía la Iglesia desde el costado de Cristo.
Los teólogos han discutido sobre si la mujer es subordinada al hombre; después de todo a la mujer no se la admite en el "Sactum Santorum", tampoco se le permite que pueda ser consagrada como sacerdote; nunca es la cabeza del hogar, debe estar en silencio en el templo y se la lapida cuando comete adulterio, mientras que al hombre no. En Mt 14, 21; 15, 38, se cuentan a los hombres, pero no se consideran ni las mujeres ni a los niños. Pablo dice que ellas, en el templo, deben cubrirse con un velo o raparse la cabeza; parecería que la mujer es estimada como una cristiana de segunda clase.
Si estos teólogos están en lo cierto, entonces tiene la razón en lo que respecta a los velos. Pablo dice que la mujer en el templo, debe cubrir su cabeza con un velo en la presencia de Dios. Muchos opinan que la razón para esta actitud, y que es buena, es la humildad. El orgullo de la mujer es su apariencia. Aún si ella es muy humilde, su misma humildad la hace ver más hermosa ante los ojos de los hombres; subconscientemente, ella se da cuenta de esto y su humildad le produce orgullo; es por esta razón, dicen, que Pablo pedía que se cubran ese falso orgullo.
Los hombres, sin embargo, no se enorgullecen por sus actos de humildad, ya que su orgullo no estriba en su apariencia, sino en su confianza. Cualquier hombre, aún aquel extremadamente apuesto, quien no tiene auto-confianza no es atractivo a las mujeres. Todo lo que el hombre tiene que hacer para mostrar su humildad, es dejar su confianza fuera del templo.
Este es un buen argumento, pero no es la verdadera razón que justifica el uso del velo. En las Escrituras, ¿qué está cubierto con un velo? Por designio de Dios, el Arca de la Alianza fue cubierta con un velo. También por designio de Dios, la mesa donde reposaba el Arca de la Alianza estaba cubierta con un velo. Todo: los cálices, los vasos, los implementos, el "Sanctum Sanctorum", la puerta, aún toda la tienda; todo aquello que es sagrado para Dios está cubierto con un velo. Lo que es sagrado para Dios, por respeto, debe ser cubierto con un velo; entonces ¿por qué debe cubrirse la mujer con un velo?
La mujer es el tabernáculo de la creación. Dios y la mujer trabajan juntos en la creación de algo a imagen y semejanza de Dios, y que no morirá jamás; sólo la mujer, puede crear con Dios. Solo la mujer, ni siquiera los ángeles, puede entregar a Dios un alma viviente; solamente la mujer comparte el poder creativo con Dios; sólo la mujer comparte el sufrimiento creador que Cristo sufrió. La mujer es sagrada para Dios, y por lo tanto jamás puede ser una sirvienta, como lo es el varón; la mujer es sagrada y por lo mismo debe ser tratada como sagrada; debe vestirse santamente, ser honrada, respetada y atendida como algo sagrado.
En el Talmud Judío (antes de Babilonia), usted encontrará que a lo largo de la historia de los Judíos, la mujer siempre fue vista como alguien especial, y fueron tratadas en consecuencia. Se la honraba con una dignidad especial; se las llenaba de regalos, así como hermosa y costosa ropa y muebles elegantes, mientras que el hombre tomaba lo que quedaba. La historia Judía nos relata que hasta que los romanos y los fariseos se hicieron cargo, los judíos trataban a sus mujeres como algo sagrado y especial.
¿Por qué, entonces, la Ley Judía demanda que una mujer sorprendida en adulterio sea lapidada? si la mujer es un tabernáculo muy sagrado para Dios. Este tabernáculo contiene lo único que Dios quiere de nosotros los seres humanos: un alma, un alma inmortal. Del mismo modo que el Cáliz que se usa para contener el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, si ese cáliz es profanado de cualquier manera, debe ser destruido y enterrado, para que nunca más pueda ser utilizado otra vez. El hombre no es el cáliz, por lo tanto no es sagrado.
Admitámoslo, caballeros; las mujeres son más inteligentes que nosotros; maduran en la vida diez años antes que nosotros; son más sociables; son más fuertes, al menos para soportar el dolor; viven más tiempo; en la mayoría de los casos son más piadosas; son más civilizadas, e inclusive las mismas mujeres admiten que son más hermosas. Ni siquiera los ángeles pueden realizar lo que hace una mujer, esto es crear un alma viviente, y este es el significado de la expresión Bíblica: "a causa de que los ángeles". Todo, en torno a la mujer nos habla de la más grande creación de Dios.
¡Sí!, al hombre se le dio autoridad sobre la mujer; muchas veces creo que se debió a que Dios no le dio nada más al hombre, así que le dio la única cosa que le podía dar: autoridad. Sin embargo, Cristo dio respuesta a esto cuando lavó los pies de los apóstoles; Hagan ustedes lo mismo que Yo hago. Aquel que detenta mayor autoridad es quien está al servicio de los demás; así, el hombre tiene autoridad para que pueda estar al servicio de la familia; es el deber del hombre, así como el del Gran Sacerdote, el de proteger a la mujer y a los niños; el hombre debe ser su proveedor, y protegerlos del peligro; honrarlos con lo mejor que pueda proporcionar. A la mujer no se la debe molestar, para que socialice a los niños y al hombre, y por ende al mundo.
La familia es como una caja de diamantes. El hombre es la caja que guarda el contenido en su interior. La mujer y los niños son los diamantes. Cuando la caja se rompe los diamantes se desparraman. Cuando la mujer quiere ser la caja, lo más probable es que se acabe con dos cajas vacías. La Escritura contabiliza el número de cajas, no de diamantes, porque Dios ama la unidad de la familia.
La mujer debe estar sujeta a su marido, por la misma razón que los soldados están sujetos a su capitán, pues éste debe tener autoridad para que pueda proteger la vida de sus hombres; por lo tanto, de la misma manera, el hombre debe tener esa autoridad, a fin de que pueda proteger a su familia. El hombre debe amar a su esposa, de la misma manera en que Cristo ama a su Iglesia y éste es un gran misterio, es decir en referencia a la Iglesia. ¿Qué es lo que Pablo quiere decir con un gran misterio? Cuando Dios tocó el corazón de Adán y extrajo Su más grande creación, estuvo previendo el momento en que tocaría el Corazón de Cristo, mientras Él dormía, para hacer que brotara la Iglesia. Por eso el hombre debe amar, proteger y dar reverencia a la mujer, de la misma manera en que Cristo ama a la Iglesia, que proviene de Su propio Corazón.
El Cuarto Mandamiento nos exige obediencia en todo, excepto en el pecado; la Iglesia nos enseña que toda autoridad proviene de Dios, incluso la mala autoridad. En la familia debemos buscar la guía de la más grande de las familias; en la que el menor era José, quien a su vez detentaba la más alta autoridad; a la que el más grande, Cristo (Dios) estaba sujeto, y donde María, la más excelsa de la creación, la que sería la Reina de Cielos y Tierra, obedeció a José en todo. Por lo tanto, sigamos el Ejemplo que nos dio Cristo, cuando se trata de obedecer a nuestra propia madre.
Cristo tenía doce años cuando se perdió en el templo. José y su Madre lo encontraron tres días después, y le preguntaron: "¿Por qué nos has hecho esto"? Él respondió: "¡Mujer!, ¿acaso no sabes que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?" No sabemos cual haya sido la respuesta de María, sólo conocemos lo que nos enseña la Escritura: "partió con ellos, y se sujetó a su autoridad".
Algo muy interesante de este pasaje, es que Jesús no se ocupó de los asuntos del Padre, durante los siguientes 18 años. ¿Qué sería lo que María le dijo? Sabemos, por la pintura hecha por Lucas, que Ella sabía que Él tenía que ocuparse de los asuntos de Su Padre, y que parte de esos asuntos, consistía en convertirse en el cordero que sería sacrificado.
Luego, 18 años más tarde, María le comenta a Jesús: "Hijo, no tienen vino". Su respuesta en griego es el misterio completo de la mujer. En griego se lee: "Mujer, y qué tenemos nosotros que ver". En castellano podría interpretarse quizás como: "Qué tiene que ver eso con nuestro acuerdo".
Dicho en otras palabras, dieciocho años antes, María quizá le dijo a Jesús, algo así: ¡Hijo!, siempre debes obedecer tus propios mandamientos, para que seas ejemplo para los demás; quisiera que te sujetes al cuarto mandamiento, y no te ocupes de los asuntos de tu Padre, hasta que te de permiso para hacerlo".
Dieciocho años después, quizás Jesús le estaría diciendo a su Madre: ¿Me estás concediendo permiso para atender los asuntos de mi Padre? Con lágrimas en sus ojos, Ella sabía que no podía retenerlo por más tiempo, diciéndole: "Has lo que El te pide hacer". Jesús convirtió el agua en vino, y comenzó con los asuntos de su Padre.
Él no podría haber venido al mundo sin el « SI » que María dio a la invitación que le hizo el Ángel, porque sin ese « SI » no podríamos ser salvos; sin su "has lo que El te pide hacer", no podríamos salvarnos.
Miremos a la Sagrada Familia: el primero es el último, y el último es el primero; quienes detentan autoridad son los que sirven a aquellos a quienes protegen; al Santo Padre se le conoce (oficialmente) como el sirviente de los sirvientes; por tanto, ¿qué más podemos decir respecto de la autoridad?
Por lo tanto, jóvenes mujeres, mantengan en alto su cabeza sabiendo que Dios las creó al último porque las creó mejores. No se sientan culpables al vestirse bien, con belleza, dignidad y modestia, así como los sacerdotes revisten el altar del Señor. Sin embargo ya que su cuerpo es sagrado, también debe ser tratado como sagrado.
Ustedes madres, mantengan su cabeza en alto, sabiendo que han traído al mundo la única cosa que Dios desea de su creación, almas inmortales. El hombre no tiene ninguna intervención en esto, excepto el haber plantado la semilla. Luego, un tiempo después, Dios obra el milagro al interior del tabernáculo de su vientre, creando un alma que El pueda amar por toda la eternidad.
Jóvenes varones, miren a la mujer con temor. Cuando vean una mujer, mírenla con respeto, y hasta con envidia, sabiendo que tienen el mandato de cuidar de ella. También sepan que antes de que ustedes fueran creados Dios ya los conocía y que si el había previsto que se casen, el ha elegido su esposa aún antes de que nazcan. Si tienen un amorío con una mujer, no sólo que están cometiendo un sacrilegio contra el tabernáculo de la creación de Dios, sino que también están cometiendo adulterio en contra de esa esposa que aún no conocen. Sería sabio decir más bien, a su futura esposa: "te he sido fiel toda mi vida, aún antes de conocerte, porque sabía que Dios te escogería para mí; te he amado aún antes de conocerte y lo seguiré haciendo el resto de mi vida".
Esposos, recuerden a san José. El fue el primero en autoridad, pero el último ante los ojos y la gracia de Dios. San José fue elegido para proteger y cuidar los diamantes. Deben tratar a sus esposas con respeto y hasta con temor. Provean para ellas, protéjanlas y no dejen que nadie, ni los niños, las falten al respeto; pónganse de pie cuando ingresen a la habitación; esperen por ellas en la mesa del comedor; asegúrense de que tiene todo lo que necesitan para realizar aquellas cosas que mejor hacen: socializar el mundo. Los hombres jamás podrían socializar el mundo; las mujeres son sociables, nosotros animales; ellas son amorosas, nosotros belicosos y debemos serlo para poder proteger los diamantes.
Consideren, nuevamente, el primer día de la creación. Dios creó la luz y vio que era buena. Entonces separó la luz de las tinieblas, pero no dijo que la oscuridad sea buena. Esta oscuridad (no la oscuridad del día y de la noche) es lo único dentro de la creación que Dios no dijo que sea bueno. Él aún no había creado las estrellas, la luna o el sol. ¿Qué pasó? Encontramos la respuesta en Apocalipsis 11, 19; 12, 1: "Se abrió entonces en el cielo el templo de Dios y dentro de él apareció el Arca de su alianza en medio de relámpagos, de retumbar de truenos, de temblores de tierra y de fuerte granizada. Y una gran señal apareció en el cielo; una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza".
Antes de que la tierra fuera creada, Dios creó a los ángeles, y los sometió a una prueba: Les mostró un signo (No lo real, pero una señal de lo que sucedería), el arca que llevaría a su Hijo, a una mujer revestida de todas las gracias; y Satanás se reveló ante este signo, y como el relámpago y el terremoto, y la gran granizada, arrastró de los cielos la tercera parte de las estrellas (ángeles) y las arrojó a la tierra (Ap. 12, 4). Enfurecido el dragón contra la mujer, se fue a hacer la guerra al resto de su descendencia, a los que guardan los mandamientos de Dios y dan testimonio de Jesucristo" (Ap. 12, 17).
La mujer no tiene semilla, pero en Génesis 3, 15 Dios dice: "Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya… El Diablo no tiene semilla y la mujer no tiene semilla, pero el hombre si tiene la semilla: pero, en este caso, Dios nos dio a Cristo sin la participación del hombre y por lo tanto el Hijo de Dios vino de María, sin el concurso del hombre. Son hijos de María aquellos que cumplen con los mandamientos de su Hijo; y la descendencia de Satanás corresponde a aquellos que no observan ni cumplen los mandamientos de su Hijo; y uno de esos mandamientos es honrar (kabed) padre y madre. Esta clase de honra, a diferencia del hadar, está reservado únicamente para Dios y para el Padre y la Madre solamente. Significa dar reverencia, venerar y honrar. Por lo dicho debemos tratar a nuestras esposas y madres, con la misma reverencia con que Dios las trataría, si lo viéramos cara a cara, o de la manera en que trataríamos al santo Grial, que contuvo la sangre de Cristo, ya que las mujeres son el santo grial de la creación.
Rick Salbato "The Publican"
(Reimpreso con la gentil autorización de Rick Salbato)
Traducido por José Baquero
