"A todos aquellos que se han mantenido alejados del Sacramento de la Reconciliación y del Amor que perdona, hago este llamado: Regresen a esta fuente de gracia, no tengan miedo! Cristo mismo es el que los está esperando. Él los va a curar y estarán en paz con el Señor." Juan Pablo II
JESUCRISTO vino a este mundo para salvar a todas las personas del poder de Satanás, del pecado y de la consecuencia del pecado que es la muerte. El propósito de su ministerio es nuestra reconciliación con el Padre. De una manera muy especial, su muerte en la cruz nos trajo la posibilidad de ser perdonados y recibir la paz y la reconciliación del mundo.
En la tarde de su resurrección de la muerte Jesús se les apareció a los Apóstoles y les dio el poder para perdonar todos los pecados humanos. "Dicho esto, soplo sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos." San Juan 20 20-23. A través del Sacramento de Orden sacerdotal, los Obispos y Sacerdotes de la Iglesia reciben el poder, que viene de Cristo, de perdonar los pecados. Este es ejercido en el Sacramento de la Reconciliación, también conocido como el Sacramento de la Penitencia o simplemente como "confesión". A través de este Sacramento, Cristo perdona los pecados que los miembros de la Iglesia cometen después del bautismo.
Para poder recibir el Sacramento de la Reconciliación dignamente, el penitente (pecador) debe estar arrepentido de sus pecados. El dolor por los pecados cometidos se llama contrición. La contrición imperfecta, nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. La contrición perfecta, es el dolor causado por haber ofendido al Dios amado.
La contrición perfecta o imperfecta debe incluir un propósito verdadero de enmienda quiere decir un verdadero propósito de no volver a caer en el pecado cometido, así como el propósito de evitar a las personas, lugares y situaciones que lo indujeron a pecar. Sin este arrepentimiento, la contrición no seria sincera y la confesión no tendría ningún sentido.
Cuando cometes un pecado, deberías rogarle a Dios por el don de la perfecta contrición. Muchas veces Dios concede este regalo cuando el cristiano medita sobre la agonía de Jesús en la cruz y se da cuenta de que sus pecados son la causa de ese sufrimiento. Lánzate a los brazos misericordiosos del Salvador crucificado y has propósito de confesar tus pecados a un sacerdote lo antes posible.
Cuando vayas a la Iglesia a confesar tus pecados deberás hacer primero un examen de conciencia.
Revisa tu vida para ver en que momento has podido ofender al buen Dios desde tu última confesión. La Iglesia nos enseña que todos los pecados mortales cometidos después del Bautismo, deben ser confesados a un Sacerdote, para ser perdonados. Este "precepto" o esta ley es de Institución Divina. Poniéndolo en palabras sencillas, esto significa que la confesión de los pecados graves a un sacerdote, es parte del plan de Dios y por tal razón es apoyado y ejecutado dentro de la misma vida de la Iglesia. El Catecismo de la Iglesia Católica (No. 1455) subraya los valores terapéuticos de la confesión para todos los creyentes.
El pecado mortal es una violación grave consciente, libre y directa a alguno e los Diez Mandamientos. El pecado mortal, también conocido como pecado grave, y de muerte destruye el estado de gracia en tu alma. Por gracia de Dios, el pecador es atraído a El a través del arrepentimiento por el dolor del pecado cometido. El es regresado a la vida cuando confiesa su pecado a un sacerdote y recibe la absolución (perdón).
La Iglesia recomienda a los Católicos, confesar también sus pecados veniales, que son una trasgresión a la ley de Dios, pero que no separan al hombre de Dios y no privan al alma de la gracia santificante.
A continuación encontrarás un examen de conciencia, que te ayudará a prepararte para la confesión. Si no estás seguro, si tus Pecados son "mortales" o "veniales", el confesor (el sacerdote con quien te confiesas) te ayudará a entender la diferencia. No seas tímido: busca su ayuda. ¡Pregúntale! La Iglesia quiere hacer lo mas fácil posible, para que tu hagas una confesión, sincera y franca de todos tus pecados. La mayoría de las parroquias programan confesiones todas las semanas. También tienes la libertad de poder llamar a tu párroco, para hacer una cita, para la confesión.
1. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
¿Busco amar a Dios con todo mi corazón y alma? En realidad tiene El el primer lugar en mi vida?
¿He estado involucrado con lo oculto o prácticas supersticiosas?
¿He recibido la sagrada Comunión en estado de pecado mortal?
¿He dicho alguna mentira en la confesión, o deliberadamente omitido un pecado mortal?
2. No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios.
¿He blasfemado contra el sagrado nombre de Dios o lo he usado ligeramente o abusado de él?
¿He deseado mal a alguien?
3. El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor.
¿He faltado a misa deliberadamente el día domingo, día del Señor o los demás días de precepto?
¿Trato de reservar el domingo como día de descanso?
4. Honra a tu padre y a tu madre.
¿Honro y obedezco a mis padres? Los cuido en su vejez?
¿He sido negligente con las responsabilidades para con mi familia, esposa(o), hijos?
¿Está mi hogar centrado en Cristo y sus enseñanzas?
5. No matarás.
¿He matado a alguien o he herido a alguien físicamente?
¿Me he sometido a un aborto? He apoyado un aborto?
¿He abusado del alcohol o de las drogas?
¿Me he mutilado a través de cualquier forma de esterilización
He apoyado a otros, en esterilizarse?
¿He consentido el odio, rabia o resentimiento en mi corazón hacia alguien?
¿He escandalizado a alguien con mis pecados, induciéndolos a pecar también?
6. No cometerás adulterio.
¿He sido infiel a mis votos matrimoniales en mis actos o pensamientos?
¿He practicado algún método artificial anticonceptivo en mi matrimonio?
¿Me he involucrado en actos sexuales con alguien del sexo opuesto o mi propio sexo por fuera del matrimonio?
¿Me he masturbado?
¿Me he entretenido con material pornográfico?
¿Me mantengo puro en mis pensamientos, palabras y acciones? ¿Me visto modestamente?
¿Me mantengo en relaciones inapropiadas?
7. No robarás.
He tomado lo que no es mío?
¿Soy honesto con mi empleado/empleador?
¿Juego a las apuestas excesivamente, robándole así a mi familia su sustento?
¿Busco compartir mis pertenencias con los pobres y necesitados?
8. No darás falso testimonio contra tu prójimo.
¿He mentido o calumniado a alguna persona o hablado mal a espaldas de alguien?
¿He dañado el buen nombre de alguna persona?'He revelado información confidencial?
¿Soy sincero en mis tratos con otras personas o soy hipócrita?
9. No codiciarás la mujer de tu prójimo.
¿Soy envidioso por el cónyuge ó familiar?
¿He consentido pensamientos impuros? Trato de controlar mi imaginación?
¿Soy descuidado e irresponsable con los libros que leo o las películas que veo y las páginas de Internet en que navego?
10. No codiciarás la casa de tu prójimo.
Soy envidioso de los bienes ajenos?
¿Me siento resentido o amargado por mi condición en la vida?
Cuando entres en el confesionario, hazte la señal de la cruz diciendo "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. Bendígame Padre porque he pecado. Mi última confesión fue…" (Declara el tiempo transcurrido desde tu última confesión).
"Padre yo me acuso de …"
Enumera tus pecados en una forma sencilla y honesta al sacerdote. ¡Entre más sencillo y sincero mejor! ¡No busques excusas! ¡No trates de disfrazar o minimizar tus faltas! Es muy importante que pienses en Jesús crucificado que murió por amor a ti. ¡Humíllate y reconoce tus culpas!
Recuerda que Dios quiere que confieses todos tus pecados mortales por nombre y las veces cometidos. Por ejemplo: "Cometí adulterio 3 veces y le ayude a un amigo a obtener un aborto." "No fui a Misa el domingo."
Este sacramento no es solo para el perdón de los pecados mortales. También puedes confesar tus pecados veniales. La Iglesia anima a la confesión piadosa, o sea, la confesión frecuente de los pecados veniales como medio para crecer y perfeccionar nuestro camino a la santidad por amor a Dios y a nuestro prójimo.
Después de confesar tus pecados, escucha los consejos que te ofrece el sacerdote. También puedes pedir su ayuda y guía. El te dará una penitencia. Puede ser que te pida orar, ayunar o hacer una obra de caridad. A través de la penitencia, tú comienzas a reparar por los daños causados por tus pecados, a ti mismo, a otros y a la Iglesia. La penitencia impartida por el sacerdote te ayuda a recordar que debes ser uno con Cristo en sus sufrimientos para poder participar en su resurrección.
Finalmente, el sacerdote te va a pedir que expreses tu dolor por los pecados confesados con un Acto de Contrición y después, ejerciendo el poder que le fue otorgado por Cristo, te dará la absolución. ¡Mientras que el reza sobre ti, debes entender, con la certeza de la fe, que Dios te esta perdonando todos tus pecados, sanándote y preparándote para el Banquete Celestial! El sacerdote te despedirá diciendo: "Da gracias al Señor, porque El es bueno." Tu debes responder: "Porque es eterna su misericordia." También puede decir, "El Señor te ha liberado de tus pecados. Vete en paz," a lo cual deberás responder, "Gracias a Dios." Trata de pasar un tiempo en oración, dándole gracias a Dios por su perdón. Cumple con la penitencia impuesta por el sacerdote lo antes posible después de recibir la absolución.
Si usas este Sacramento bien y con frecuencia, tendrás paz en tu corazón, pureza de conciencia y una unión profunda con Cristo por su amor al Padre y a tu prójimo. ¡La gracia de este sacramento te ayudara a parecerte más a Jesús, Nuestro Señor, en todas tus palabras y obras! ¡También te convertirá en un miembro mas fuerte y comprometido con Su Iglesia!
Publicado con aprobación eclesial.
