Instituto para la Justicia Social Louis Even - Cursillo de la Aplicación de la DSI en Economia
LECCIÓN 8
En la dimensión interior del hombre radica, en definitiva, el compromiso por la justicia y la solidaridad, para la edificación de una vida social, económica y política conforme al designio de Dios. Compendio DSI. No. 40
La implementación del Crédito Social instituiría una verdadera democracia: la democracia económica, haciendo a cada consumidor capaz de obtener de la producción del país lo necesario para satisfacer las necesidades básicas de la vida; democracia política, en tanto el pueblo pueda hacer conocer a sus representantes elegidos, a sus gobiernos, lo que esperan de ellos, y exigir resultados. (Demos, pueblo; kratien, reinar. — Democracia: la soberanía del pueblo.)
Cualquier persona con sentido común, aún superficialmente informado sobre una economía justa, sabe muy bien que, hoy en día, el poder supremo no es ejercido por el pueblo, ni por sus gobiernos, sino por un círculo cerrado de financistas. Hombres de Estado como Gladstone, Wilson, y muchos otros, lo declararon explícitamente. Mackenzie King lider Canadiense prometió, en 1935, la más grande batalla de todos los tiempos "entre los poderes financieros y los del pueblo". Una batalla en la que no se involucró, sin duda porque consideró a los poderes financieros muy fuertes, y al pueblo muy débil.
Los pueblos son en verdad débiles; es comprensible que sean débiles cuando, en primer lugar, no saben nada de los asuntos públicos y de lo que pasa tras bambalinas; débiles, en segundo lugar, cuando, en vez de enseñarles estas cosas, los que están agitándolos los dividen en partidos políticos que se pelean entre sí. No es a través de la creación de un partido político que va a lograrse la unidad, si no através de una unidad real que despertaría su fuerza, mientras la división como sabemos incrementaría su debilidad.
C. H. Douglas, fué un hombre genial, el descubrió la gran verdad del Crédito Social; es él quien fundó la escuela del Crédito Social. Él muy seguramente sabía mejor lo que el Crédito Social significa, en cuanto a la democracia respecta, que esos pequeños hombres de nuestra patria (Canadá) que quisieron hacer del Crédito Social el instrumento de su carrera hacia el poder, o al menos la plataforma para rebuscarse una curul en el Parlamento.
Douglas declaró en un discurso que dio en Newcastle-upon-Tyne, el 19 de marzo de 1937, que en Inglaterra existían dos obstáculos para la verdadera democracia, y el primero de ellos es el sistema de partidos políticos.
Lo mismo aplica para Canadá y cualquier otro país, y la solución no consiste en alimentar el sistema de partidos, sino en debilitarlo. Es decir, hacer a los partidos existentes inofensivos, no creando otra división al interior del pueblo, sino al contrario, uniendo a los ciudadanos, a todos los ciudadanos, sin distinción de partido, alrededor de la expresión de su voluntad común a los miembros del Parlamento, quien quiera que ellos sean, y cualquiera que sea su color político. Hacer énfasis en lo que pasa en el período entre cada elección, cuando el destino de los ciudadanos está en riesgo, más que durante las elecciones cuando es el destino de los políticos el que está en riesgo.
Unir a los ciudadanos. Y para ello, empezar a hacerles entender que todos ellos quieren las mismas cosas fundamentales; y entonces convencerlos que insistiendo juntos para obtener lo que todos quieren, inevitablemente van a obtenerlo.
Es también el Mayor Douglas quien, en otra ocasión, en Liverpool, el 30 de octubre de 1936, dijo: "La soberanía del pueblo, es decir, su capacidad de dar órdenes, se incrementaría con su unanimidad, y si todo el pueblo quisiera un resultado uniforme no habría posibilidad de tener nuevos partidos, y no habría resistencia a sus exigencias."
Esa, nos parece, es una muy buena línea de conducta, perfectamente de acuerdo con el sentido común.
Usted nunca podrá poner de acuerdo a toda la gente próxima a las votaciones. Pero se podría fácilmente poner de acuerdo a toda la gente sobre los resultados que piden de la política, si se propone establecer estos resultados en orden de universalidad y urgencia: la seguridad económica, una cantidad suficiente de bienes hoy y garantizada para el mañana, la libertad de cada cual para escoger su ocupación y estilo de vida. Toda la gente quiere estas cosas; y, como lo señala Douglas, incluso los que no las quieren para los demás, las quieren para sí mismos.
¿Por qué entonces centrar la atención y orientar las actividades hacia las votaciones, hacia lo que divide, en vez de aplicarse efectivamente a unir a toda la gente alrededor de peticiones sobre las que todos estarán de acuerdo?
Nunca se obtuvo una reforma importante a partir de la formación de un partido político. Casi siempre, el partido establecido con miras a una gran reforma muere por fracaso electoral; y si por casualidad llega al poder, encuentra tantos obstáculos que finalmente se detiene y no mantiene más objetivos que permanecer en el poder sin hacer nada aparte de lo que hacen los partidos tradicionales. Para superar estos obstáculos, les hacía falta una fuerza: la de la gente suficientemente informada y formada en el campo político.
Además, una reforma no puede salir de una elección. Se obtiene de una manera natural y democrática, de la madurez de una idea clave bien cultivada; se obtiene de su aceptación, su petición, de parte de un número suficiente de personas, de crear una voluntad general, expresada sin estar atada a los riesgos de los resultados electorales.
El Crédito Social entrará a la legislación de un país cuando se convierta en el objeto de una petición general, tan fortalecida que los partidos políticos le darán la bienvenida en sus programas. Confinarla a un partido politico es enlazar su destino al destino electoral de ese partido. Y puede significar retroceder, en vez de avanzar.
Una nueva idea se esparce a través de la propaganda, echa raíces a través del estudio. Entre más nueva sea la idea más grandes serán sus repercusiones, entre más esfuerzo requiera su propagación e implantación, usualmente requerirá más tiempo, pero siempre más perseverancia. La propagación de esta idea necesita muchos más apóstoles que parlamentarios.
Los instigadores de nuevos partidos sin duda consideran que la educación política del pueblo tomaría demasiado tiempo, si en algún momento pensaron en ello. Una votación breve les parece un método más normal y, especialmente, un método más rápido. El resultado: tumbas de cementerio, que ni siquiera son visitadas por aquellos que apoyaron a sus difuntos partidos. Un buen número de estos caballeros desde ese entonces se han acomodado bajo las alas de partidos tradicionales, que ellos sin embargo habían denunciado.
Uno debe afianzar la fuerza del pueblo, para que su peso sobre los gobiernos exceda la fuerza de los poderes financieros. No es en un parlamento donde se afianza la fuerza del pueblo. Es donde está el pueblo — fuera de los parlamentos. Y es el lugar que ocupa un verdadero movimiento de Crédito Social.
Douglas y las elecciones
El Secretariado del Crédito Social, un organismo fundado por el mismo mayor Douglas, ha vuelto a publicar un discurso dado por el fundador del Crédito Social, el 7 de marzo de 1936. Ese día, Douglas no hablaba al público en general, sino a creditistas.
En ese dicurso, Douglas recomienda una política de presión, y condena fuertemente los métodos de los partidos políticos, especialmente el del llamado "Partido del Crédito Social". Él condena este método, no sólo porque está condenado al fracaso antes de comenzar, sino también porque relaciona algo hermoso como lo es el Crédito Social con la política electoral. Dogulas llega tan lejos como para afirmar:
"Si ustedes eligen a un partido que se haga llamar de Crédito Social, suponiendo que puedan hacerlo, yo debo decir que considero esa elección en este país como una de las más grandes catastrophes que puedan ocurrir."
La función propia de un miembro del parlamento, explicó Douglas, es recibir y transmitir al gobierno la expresión de la voluntad legítima del constituyente. La función propia del gobierno es recibir esta exigencia y ordenar a los expertos seguirla (los expertos, por tanto los financistas para los asuntos financieros). Uno no debe decirle a estos expertos cómo llegar a este objetivo, sino señalar el resultado a alcanzar y exigir este resultado.
Y el papel del pueblo es hacerse consciente de los objetivos que comúnmente quiere, y expresar esta voluntad a sus representantes. Es donde debe comenzarse, desde donde debe organizarse, con los electores.
En palabras de Douglas: "Si usted está de acuerdo en que el objeto de enviar hombres al Parlamento es obtener lo que usted quiere, ¿entonces por qué elegir un grupo especial de hombres, o un partido en especial? Los hombres que están ahí deberían conseguirle lo que usted quiere — ese es su negocio. No es su negocio decir cómo debe conseguirse. Cómo se hacen las cosas es responsabilidad del experto."
A los expertos debe decírseles lo que los ciudadanos quieren, y esta exigencia debe provenir de los mismos ciudadanos.
El electoralismo ha pervertido el sentido de la democracia. Todo lo que los partidos políticos pueden hacer es dividir al pueblo, debilitar su fuerza y llevarlo a decepciones. Añadir otro partido sólo puede añadir otra decepción con otro nombre. Una decepción aún más desastrosa si la aventura arrastra con sí el término de una causa excelente como el Crédito Social.
En la raíz del mal
— ¿Por qué criticar y denunciar el actual sistema financiero?
Porque no cumple su finalidad.
— ¿Cuál es la finalidad de un sistema financiero?
La finalidad de un sistema financiero es financiar. Financiar la producción de bienes que responden a necesidades, y financiar la producción de estos bienes para que alcancen esos fines.
Si el sistema financiero hace esto, cumple su papel. Si no lo hace, no cumple su papel. Si hace algo diferente, va más allá de su papel.
— ¿Por qué dice que el sistema financiero actual no cumple con su papel?
Porque hay bienes – bienes públicos y bienes privados – solicitados por la población, que son con certeza alcanzables físicamente, pero que no se concretan porque el sistema financiero no financia su producción. Adicionalmente, hay bienes ofrecidos a una población que los necesita, pero en la cual algunos individuos y familias no pueden conseguirlos, porque el sistema financiero no financia el consumo. Estos son hechos innegables.
— ¿Con qué se financia la producción o el consumo?
Con medios de pago (créditos en efectivo). Estos medios de pago (créditos en efectivo) pueden consistir de monedas, billetes, o cheques girados contra cuentas bancarias.
Todos estos medios de pago (créditos en efectivo) pueden ser incluidos en el término "crédito financiero", porque todo el mundo los acepta con confianza. La palabra crédito implica confianza. Usted acepta con la misma confianza 4 monedas de 25 centavos, o un billete de de 1 dólar del Banco de Canadá, o un cheque de 1 dólar de cualquier banco en el que el endosante tenga una cuenta bancaria. Usted sabe, en realidad, que con cualquiera de estos tres medios de pago (créditos en efectivo), usted puede pagar trabajo o materiales por el valor de 1 dólar si es un productor, o bienes de consumo por valor de 1 dólar si es un consumidor.
— ¿De dónde obtienen su valor este "Crédito Financiero, y estos medios de pago (créditos en efectivo)?
El crédito financiero obtiene su valor del "crédito real". Es decir, de la capacidad de producción del país. Un dólar, o cualquier moneda, tiene valor sólo porque la producción del país puede producir bienes que equivalgan en valor. Uno puede llamar a esta capacidad de producción "crédito real", porque es un factor real de confianza. Es el crédito real de un país, su capacidad de producción, lo que causa que uno tenga confianza en poder vivir en ese país.
— ¿A quién pertenece éste "crédito real?
Es un bien de la sociedad. No hay duda que las capacidades individuales y colectivas de todas las clases contribuyen a ello. Pero sin la existencia de recursos naturales, que son un regalo de la Providencia y no el resultado de la capacidad individual, sin la existencia de una sociedad organizada que permita la división del trabajo, sin servicios como escuelas, caminos, medios de transporte, etc., la capacidad de producción global sería mucho más débil, muy débil de hecho.
Por eso hablamos de producción nacional, economía nacional, lo cual no quiere en ningún momento decir producción controlada por el Estado. Es en esta capacidad de producción global que los ciudadanos, cada ciudadano, debe poder encontrar una base de confianza para la satisfacción de sus necesidades materiales. Pío XII dijo en su mensaje radial de 1941:
"La economía nacional, el fruto de las actividades de los hombres que trabajan juntos en la comunidad nacional, no tiende sino a asegurar, sin interrupción, las condiciones materiales en las que la vida individual de los ciudadanos podrá ser desarrollada plenamente."
— ¿A quién pertenece este "crédito financiero"?
En su fuente, el crédito financiero pertenece a la colectividad, de igual forma que el crédito real del cual obtiene su valor. Es un bien de la comunidad del cual deben beneficiarse, de una forma u otra, todos los miembros de la comunidad.
Como el "crédito real", el crédito financiero es, por su misma naturaleza, un crédito social (pertenece a todos los miembros de la sociedad).
El uso de éste bien de la comunidad no puede estar sujeto a condiciones que disminuyan la capacidad de producción, o que desvíen la producción de su fin apropiado, que es satisfacer las necesidades humanas: necesidades de naturaleza pública y privada, en su orden de urgencia; la satisfacción de las necesidades básicas de todos, antes que las demandas de bienes de lujo de unos pocos; también antes que el esplendor y los planes faraónicos de los administradores públicos, codiciosos de ganar fama.
— ¿Es posible obtener de la economía, en general, el respeto a esta jerarquía de las necesidades, sin una dictadura que planea todo, impone programas de producción, y administra la distribución de los bienes?
Es ciertamente posible, con un sistema financiero que garantice a cada individuo una parte del crédito financiero de la comunidad. Una cuota suficiente, de manera que el individuo pueda él mismo pedir, de la producción del país, lo suficiente para satisfacer al menos sus necesidades básicas.
Tal sistema financiero no dictaría nada. Los programas de producción se tomarían de los pedidos de los consumidores, al menos en lo que respecta a los bienes privados; y los tomaría de los pedidos provenientes de las administraciones públicas, en lo que respecta a los bienes públicos. El sistema financiero por ende serviría, de un lado, para expresar la voluntad de los consumidores; de otro, estaría al servicio de los productores para movilizar la capacidad productiva del país en la dirección de los pedidos así expresados.
Para ello, por supuesto, es necesario tener un sistema financiero que se someta a la realidad, y no uno que ejerce la violencia sobre ella. Un sistema financiero que refleje hechos, y no que se desvíe de ellos. Un sistema financiero que distribuya, y no que racione. Un sistema financiero que sirva al hombre, y no que lo degrade.
— ¿Es un sistema financiero como ese concebible?
Sí. Sus lineamientos fueron dados por Clifford Hugh Douglas, el maestro y genio que expuso al mundo lo que se llama Crédito Social (que no debe mezclarse con la prostitución de los partidos políticos que se invisten a sí mismos con ese nombre).
Douglas resumió en tres propuestas los principios básicos de un sistema que cumpliría con estos fines y, adicionalmente, sería suficientemente flexible para seguir a la economía y todos sus desarrollos, hasta cualquier grado de mecanización, motorización o automatización.
Las tres propuestas de Douglas
— ¿Cuáles son las tres propuestas de Douglas?
Douglas públicamente estableció estas tres propuestas en sendas ocasiones: en Swanwick, en 1924; ante el Comité MacMillan, en mayo de 1930; y en un discurso dado en Caxton may, Londres en octubre de 1930. Y las reprodujo en algunos de sus escritos, entre otros, en "El Monopolio del Crédito".
La primera de estas propuestas se relaciona con la financiación del consumo, mediante el ajuste entre el poder de compra y los precios:
"Los créditos en efectivo de la población de cualquier país deben ser en todo momento colectivamente iguales a los precios en efectivo colectivos para los bienes de consumo que están a la venta en ese país, Y tales créditos en efectivo deben cancelarse o depreciarse sólo en la compra o en la depreciación de los bienes de consumo".
Douglas no cambió nada en los términos de su propuesta: eran los mismos en 1930 o en 1924. En esta propuesta, para mencionar los medios de pago, en especie o en dinero en papel, en manos de los consumidores, Douglas usa el término "créditos en efectivo", entre tanto, cuando habla de la financiación de la producción, simplemente dice "créditos".
La diferencia entre los dos es que el dinero en manos de los consumidores es de ellos: para ellos es el poder de compra que usan como les plazca para obtener los productos que escojan. Mientras que los créditos de producción son avances que el productor debe pagar cuando sus productos hayan sido vendidos.
— ¿Cuál es el fin de esta primera propuesta hecha por Douglas?
El fin de esta propuesta es alcanzar lo que podría llamarse el perfecto poder de compra, al establecer un equilibrio entre los precios que se pagan por los compradores y el dinero en sus manos.
El Crédito Social hace una distinción entre el precio de costo, y el precio que debe pagar el comprador (precio en efectivo). El comprador no tendría que pagar todo el precio de costo, sino sólo éste precio reducido a un nivel correspondiente a los medios de pago (créditos en efectivo) en manos de la población.
El precio de costo debe siempre recuperarse por el productor si desea permanecer activo en el negocio. Pero el precio que debe pagarse debe estar al nivel del poder de compra en manos de los consumidores, si uno quiere que la producción alcance su fin, que es el consumo.
— ¿Cómo puede esta segunda condición llevarse a cabo?
Mediante un mecanismo de ajuste de precios. Un ajuste y no un arreglo de precios: establecer el precio de costo es un asunto que respecta a los mismos productores; son ellos quienes saben lo que les cuesta la producción de acuerdo con sus gastos.
El ajuste propuesto consistiría de un coeficiente que se aplicaría a todos los precios de venta. Este coeficiente se calcularía periódicamente (cada tres o seis meses, por ejemplo), de acuerdo con el promedio de consumo total y la producción total en un período dado.
Si, por ejemplo, durante este período, el total de la producción fue de $40.000 millones, y el consumo total fue de $30.000 millones, uno puede concluir que, sin importar cuánto hayan sido los precios de costo contabilizados, en la realidad, la producción de $40.000 millones le ha costado al país $30.000 millones. Por tanto, $30.000 millones es el costo real de la producción total de $40.000 millones. Y si los productores deben recuperar $40.000 millones, los consumidores, por su parte, deben pagar solo $30.000 millones. Los restantes $10.000 millones deben ser proveídos a los productores a través de otra fuente, no a través de los compradores. Corresponde al sistema monetario asegurarse de ello.
En este caso, un coeficiente de 3/4 será aplicado a todos los precios de venta: los precios de venta serán multiplicados por este coeficiente, por 3/4 o 0.75. El comprador entonces pagará solo el 75% del precio de costo.
En otras palabras, un descuento general del 25% (lo opuesto a un impuesto a las ventas) será decretado sobre todos los precios de venta por el lapso del nuevo término. Al final de cada término, la tasa de descuento general se calcula de acuerdo con el estado del consumo en relación con el estado de la producción de un período dado. Por tanto uno se acerca al poder de compra perfecto tanto como sea posible.
Esta operación es algunas veces llamada un precio compensado o descuento compensado, porque el dinero que el vendedor no obtiene del comprador, por el descuento, se le entrega después a través de la Oficina Nacional de Crédito. Esta compensación permite al vendedor recuperar su precio de costo total. Nadie pierde. Todos ganan por la venta de los bienes hechos más accesibles a las necesidades.
— ¿Y cuál es la segunda propuesta de Douglas?
La segunda propuesta de Douglas se relaciona con la financiación de la producción. Fue expresada como sigue, por su autor, en Swanwick, y ante el Comité MacMillan:
"Los créditos necesarios para financiar la producción deben ser suministrados no de los ahorros, sino ser nuevos créditos en proporción a la nueva producción".
Et Caxton Hall, en octubre de 1930, Douglas cambió el final de su afirmación:
"nuevos créditos en proporción a la producción."
No dice "nueva producción", solo "producción". Obviamente, ambos son sinónimos. En la medida en que la producción se hace, es nueva producción. Una nueva producción para mantener el flujo de producción hacia el lugar donde el consumidor hace compras.
Algunos han dado una interpretación errada de esta propuesta como aplicable solo a un incremento en el volumen de producción, lo cual ciertamente no es el caso de acuerdo con el contexto de las tres propuestas.
Douglas añade:
Y estos créditos deberán ser solicitados solo en relación al promedio entre depreciación general y apreciación general, enriquecimiento general.
¿Por qué financiar producción en esta forma, con nuevos créditos, y no con ahorros? Porque los ahorros vienen del dinero que se ha distribuido en relación con una producción realizada. Ahora todo este dinero se ha ido en el precio de costo de la producción realizada. Si este dinero no se usa para comprar producción, la brecha entre los medios de pago y los precios se incrementará.
Uno puede argumentar que los ahorros usados para financiar un nuevo flujo de producción, a través de las inversiones o similares, vuelve a circular como poder de compra. Es cierto, pero a medida que se hacen gastos por parte del productor, creando por tanto un nuevo precio. Ahora, la misma cantidad de dinero no puede servir para pagar, al mismo tiempo el precio correspondiente de la anterior producción y el precio correspondiente de la nueva producción.
Cada vez que el dinero ahorrado vuelve a los consumidores, es creando un nuevo precio, sin haber pagado un precio anterior, dejado sin el correspondiente poder de compra cuando este dinero se convierte en ahorro.
— ¿Y qué pasa con la tercera propuesta financiera de Douglas?
La tercera propuesta introduce un Nuevo elemento dentro del poder de compra: la distribución de un dividendo a todos, empleados o no en la producción. Es por tanto un factor componente del poder de compra, que no deja a ningún individuo sin los medios de pago.
Es el reconocimiento del derecho de todos a una parte de la producción, como co-capitalistas, co-herederos del más grande factor de producción moderno: el progreso adquirido, ensanchado y transmitido de generación en generación. Igualmente, como copropietarios de los recursos naturales, un regalo, gratis, de Dios.
También es la forma de mantener un flujo de poder de compra en relación con el flujo de producción, aunque la producción cada vez necesite menos empleados. Por tanto, sería la solución al más grande dolor de cabeza actual, que hace que los economistas se golpeen la cabeza contra las paredes, y que hace ver tontos a los gobiernos frente a su política de empleo total. La búsqueda del empleo total no tiene sentido, es difícil de justificar de parte de seres inteligentes, mientras que el progreso inexorablemente se aplica a liberar al trabajador, a hacer la necesidad de empleados más y más inútil.
He aquí como Douglas mismo se expresó:
"La distribución de efectivo a los individuos debe ser progresivamente menos dependiente del empleo. Es decir que el dividendo progresivamente irá desplazando al sueldo y al salario".
Progresivamente, — como Douglas lo expresó en otra parte — a medida que la productividad se incrementa por horas-hombre. Esto está completamente de acuerdo con la participación respectivamente asumida por el trabajo y el progreso en el flujo de producción.
El progreso, — un bien colectivo — se hace cada vez más importante como factor de producción, y el trabajo humano, cada vez menos. Esta realidad debe reflejarse en la distribución de los ingresos, a través de dividendos a todos, de un lado, y a través de la recompensa al empleo, del otro.
— ¿Pero esto no es proponer darle la vuelta a todo en cuanto a los métodos de financiación de la producción y en el método de distribución de lo que puede reclamarse de la producción?
Es, sobre todo, y mucho más sencillamente, un cambio de filosofía, en el concepto del rol de los sistemas económicos y financieros, devolviéndolos a sus propios fines, obtenidos por medios apropiados. Es hora de que los fines y los medios vuelvan a su lugar apropiado. Es hora de que la perversión dé paso a la rectificación.
— ¡Pero todo parece implicar que el dinero, o el crédito financiero, pueden llegar, así no más, a financiar la producción y el consumo!
Ciertamente. El sistema monetario es esencialmente un sistema de contabilidad. ¿A los contadores les hacen falta números para contar, sumar, restar, multiplicar, dividir, hacer reglas de tres, expresar porcentajes?
Aún más, los hechos están ahí, para mostrar que el dinero es un asunto de cifras: cifras que los monopolizadores del sistema pueden hacer aparecer o desaparecer de acuerdo con sus decisiones, sin ninguno otro material concreto que un libro, un bolígrafo, y unas pocas gotas de tinta.
En un discurso pronunciado en Westminster, el 7 de marzo de 1936, C.H. Douglas dijo a sus audiencia — una audiencia de Crédito Social:
"Nosotros, los Creditistas, decimos que el sistema monetario en la actualidad no refleja los hechos. La oposición dice que sí. Bueno, lo dejo a su sentido común. Cómo es possible que un mundo que estaba aparentemente casi con fiebre de prosperidad en 1929 — o se alegaba que así era, a juicio de los estándares ortodoxos — y con certeza capaz de producir tremendas cantidades de bienes y servicios y distribuir una proporción considerable de ellos, pudiese estar tan empobrecido en 1930, y tan fundamentalmente cambiado que las condiciones fueron invertidas y el mundo estaba abyectamente pobre? ¿Es razonable suponer que entre una fecha dada en octubre de 1929, y unos pocos meses después, el mundo cambiaría de ser rico a ser pobre? Por supuesto que no lo es."
Douglas hizo este comentario tres años y medio antes del inicio de la segunda guerra mundial. Todo el mundo podía hacerse una pregunta de la misma naturaleza que la de Douglas, pero en sentido inverso:
¿Cómo es posible que después de una escasez de dinero de 10 años, repentinamente encontraron, de la noche a la mañana, todo el dinero que se necesitaba para una Guerra que duró seis años y que costó miles de millones?
La misma respuesta sirve en ambos casos: el sistema monetario es solo una cuestión de contabilidad, y necesita sólo cifras que lleven un sello legal. Por tanto, si el dinero hace falta frente a grandes posibilidades de producir para satisfacer las necesidades humanas normales, y si el dinero se hace abundante cuando se pide a los productores y a los medios de producción para los campos de batalla y la producción de motores de guerra, es porque el actual sistema monetario impone decisiones, en vez de reflejar fielmente los hechos que resultan de los actos libres, llevados a cabo por productores libres y consumidores libres.
