Desde 2013, la ONU se ha estado montando en las iniciativas de Economía Solidaria. Esto se refleja en sus foros mundiales cada dos años,  así como en su Agenda 2030 de 17 objetivos, desarrollados también en estos foros. 

 Esos objetivos de la ONU parecen formidables para la economía solidaria, pero los hechos van de revés, hacia el llamado Nuevo Orden Mundial, al que se adhieren varios mandatarios de América Latina, y por supuesto la pseudo presidenta Sheinbaum con su neoliberal  "Plan México": Un gobierno de control global para despoblar el planeta; destruir la industria agropecuaria y suprimir la soberanía alimentaria; ¡la inútil "democracia"!; el deterioro ambiental de la geoingeniería para simular una crisis climática; políticas de salud en farmacología y vacunas; falta de soberanía monetaria, más dependencia económica; ¿mayor inflación?, sí, y desempleo; una vivienda propia cada vez más lejana; desintegración familiar; confusión y adoctrinamiento de género; tecnocracia transhumanista donde las personas no importan… Y la promesa de que no poseerán nada cumplida al pie de la letra, mas nadie se ve feliz por ello. ¿Por qué no empiezan por parar todo esto y dejan a la economía solidaria en paz? Mucho ayuda el que no estorba.

En efecto, toda esta realidad faltó en el Foro Mundial de Economía Social y Solidaria (GSEF), en la hermosa ciudad de Burdeos, Francia, del 28 al 31 de octubre, cuyo lema fue "Otro mundo ya está aquí", como si todo estuviese resuelto. No nos dicen que ese "otro mundo" se refiere al Nuevo Orden que tanto anuncian –una mezcla de lo peor del capitalismo con lo peor del socialismo. 

Así que 7 eventos GSEF han bastado para pasar del "Otro mundo es posible" al "Otro mundo ya está aquí", reuniendo a mucha gente de buena voluntad, para ser guiada por la élite capitalista de perversa voluntad que gobierna a la ONU –el llamado "Estado profundo".

Con un discurso de izquierda y de derechos humanos, los GSEF son un distractor diseñado por dicha élite para simular un interés en la economía solidaria, tomar las riendas y que al fin los pueblos… ¡no se organicen! Son un cascarón llamativo pero vacío. Se arregla el mundo desde arriba, sin los pueblos –o sólo quien pague 300 euros–. 

Toda la izquierda "woke" adherida a estos falsos objetivos, está siendo manipulada para apuntalar dicho Nuevo Orden, mientras la reacción conservadora que lo advierte, no es escuchada por ser de derecha. Se ha desdibujado todo el espectro ideológico: la derecha parece izquierda, y viceversa. 

El Instituto Louis Even estuvo presente en Burdeos para constatarlo. 

No obstante, entre las 5 mil almas buenas que acudieron al foro, más otro tanto que participó por internet, ya son inocultables las garras de que todo es una fachada de progresismo, que detrás están las políticas globalistas de control social. 

El programa era impresionante: 13 sesiones plenarias y 169 mesas redondas sobre diferentes temas. Pero es curioso que las monedas locales no se hayan incluido en la Economía Solidaria; se les organizó su evento dos días antes, por aparte, donde no se vean. 

¡Éste es el tema medular y no quieren que se toque! El financiamiento autónomo, la soberanía monetaria, la autogestión de los pueblos… nada de eso quieren. 

En cambio, el foro propuso préstamos a pequeños negocios, cooperativas, ONGs y a las diversas luchas locales. ¡Qué originales, qué bondadosos! Más deudas con los bancos, más dependencia, más pobreza. Eso sí, les preocupa que los pagos a esas deudas deban ser a corto plazo y no puedan esperar sus supuestos beneficios sociales –que suelen ser de largo plazo, advierten.

Incluso se atreven a trastocar el tema de "democracia económica" de Clifford Douglas y Louis Even –que plantea no depender de los bancos para crear el dinero–. Y nada de construir una verdadera democracia, dando por sentado que ésta ya existe con los partidos políticos. 

En esta revista insistimos en "un nuevo paradigma social más allá del capitalismo y al socialismo". Pero ahora resulta que estos foros también se engullen ese propósito y con las mismas palabras; no para superar a la izquierda y la derecha, sino para conciliarlas en la economía solidaria… ¡y que todo siga igual! ¿Qué tiene de solidario el capitalismo?, se pregunta uno.

Así se intenta descarrilar la organización autónoma y alternativa que busca construir otro mundo posible: para ellos ese otro mundo ya está aquí, con sus bancos y sus dineros. No pueden renunciar al poder del capital, ni al poder socialista del Estado sobre los ciudadanos.


La soberanía monetaria de nuestros países se ha visto profundamente limitada por la influencia de organismos internacionales (FMI, Banco Mundial…), especialmente cuando recurren a sus préstamos para enfrentar crisis económicas. Las condiciones impuestas por la élite financiera internacional — como ajustes fiscales estrictos, liberalización financiera y reformas estructurales— reducen la capacidad de los Estados para decidir de manera autónoma sus políticas monetarias y fiscales. En lugar de diseñar estrategias económicas adaptadas a sus realidades internas, los gobiernos se ven obligados a seguir lineamientos externos que, a menudo restringen su margen de maniobra para impulsar el desarrollo, proteger sectores estratégicos o responder a necesidades sociales urgentes. En este proceso, la toma de decisiones económicas se desplaza gradualmente del ámbito nacional hacia instituciones financieras internacionales, debilitando así la soberanía de los países sobre su propio rumbo económico.