San John Henry Newman, a quien León XIV acaba de declarar doctor de la Iglesia (véase página 24), escribía:
« Dios me ha creado para hacerle algún servicio definido. Me ha encomendado alguna obra que no ha dado a otro. Tengo mi misión. ».
León XIV, dirigiéndose a los jóvenes estadounidenses (véase página 30), citaba esta oración de san Agustín:
« Señor, dame la gracia de hacer lo que me pides y luego pídeme lo que quieras ».
San Alberto Hurtado, sacerdote jesuita chileno (véase Vers Demain de octubre-noviembre-diciembre de 2023), declaraba:
« Jesús nos dice: "Te necesito. No te obligo, pero te necesito para realizar mis proyectos de amor. Si tú no vienes, quedará una obra sin realizar, una obra que tú, y solo tú, puedes realizar" ».
Si cada ser humano ha recibido de Dios dones distintos para una misión, una vocación específica, todas estas vocaciones convergen en un solo fin: ser testigos, instrumentos del amor de Dios, para « que venga su Reino y se haga su voluntad en la tierra como en el cielo ».
Y la Iglesia nos enseña que este amor de Dios Tdebe reflejarse, concretarse en nuestro amor por los pobres, como lo explica el papa León XIV en su reciente exhortación apostólica (véase página 11). Si la Iglesia habla de una opción preferencial, de un amor especial por los pobres, es sencillamente porque es Jesús mismo quien se identifica con los pobres, cuando nos dice, en el capítulo 25 del Evangelio según san Mateo:
« Tuve hambre y me dieron de comer… cada vez que lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron ».
Y en esa misma exhortación, el Papa insiste en la urgencia de resolver las causas estructurales de la pobreza:
« Las estructuras de injusticia deben ser reconocidas y destruidas por la fuerza del bien, mediante un cambio de mentalidades, pero también, con la ayuda de las ciencias y de la técnica, mediante el desarrollo de políticas eficaces para la transformación de la sociedad ».
Una técnica eminentemente eficaz para poner fin a la pobreza es la solución de la Democracia Económica, concebida por el ingeniero escocés Clifford Hugh Douglas. Es de esta solución de la que Louis Even decía: « Es una luz en mi camino, es necesario que todo el mundo la conozca », y que lo llevó a fundar Vers Demain para facilitar su difusión.
Douglas y Louis Even explicaron el vicio del sistema monetario actual —el dinero creado en forma de deuda y la falta crónica de poder adquisitivo (véase página 8)— y también aportaron una solución, recordando ante todo que el verdadero objetivo de la economía es hacer que los bienes correspondan a las necesidades, y que el dinero debe ser el reflejo de la realidad, una simple contabilidad (véase página 4).
Cambiar las normas del sistema financiero actual es, evidentemente, una tarea difícil, pero no es imposible, puesto que estas normas financieras no son leyes divinas, sino leyes humanas. Estas normas han sido creadas y votadas por hombres; por lo tanto, también pueden ser cambiadas por hombres.
La gracia de Dios es ciertamente necesaria en esta tarea « inmensa, pero necesaria », según las palabras de san Juan Pablo II. Y se nos proponen tres medios, tres armas particularmente eficaces en este combate por la justicia: el Rosario, la humildad y la consagración a María (véase página 20). Vers Demain transmite un mensaje de esperanza, de liberación financiera para los pueblos de la tierra. Al convertirnos en mensajeros de esta buena noticia de justicia económica, nos convertimos en « peregrinos de esperanza ». El Concilio Vaticano II recordó que la misión de los fieles laicos es hacer que el mundo sea conforme al Evangelio. Entonces, ¡buena lectura y mucho éxito en su misión!
