Varios sacerdotes, obispos, economistas y otros profesionales que han estudiado las propuestas financieras del ingeniero escocés Clifford Hugh Douglas - conocido como Crédito Social o Democracia Económica y luego difundidas por Louis Even, se han convertido en entusiastas partidarios de estas propuestas. ¿Por qué? Porque entendieron que estas propuestas serían una excelente manera de aplicar la enseñanza bimilenaria de la Iglesia.
En 1967, Louis Even escribió el siguiente artículo, para rendir homenaje al Padre Edward Lavergne, fundador y pastor de la Parroquia de Notre-Dame de Grace en la ciudad de Quebec en 1924. El P. Lavergne fue también un gran partidario de la democracia económica de Douglas, lo que le trajo mucha persecución, que soportó de manera muy heroica hasta su muerte).
¿Pero qué fue lo que provocó la lealtad del Padre Lavergne a las doctrinas del Crédito Social? ¿Fue el resultado de largas disertaciones sobre técnicas en materia de finanzas y economía? - No, y menos aún, fue la idea de ver surgir un nuevo partido político para disputar los poderes de cada "bando", cuando (cada partido) ya había defraudado sucesi-
vamente las esperanzas de toda la población.
¡No, no fue ninguna de estas cosas! El mismo Padre Lavergne nos dijo un día lo que era: "Lo que aprecio en el Crédito Social es que su aplicación, con su dividendo para todos, beneficiaría especialmente a los pobres. Es decir, no sólo a los pobres de su parroquia, sino a todos los pobres del país. Y, además, el ejemplo de la practicidad del Crédito Social que daría nuestro país, provocaría la aplicación de este sistema en otras partes del mundo."
Algunos se aferran a la doctrina del Crédito Social, escrita por Clifford H. Douglas, por su lógica y su perfecta conformidad con la realidad, y no se equivocan al hacerlo. Otros mantienen esta doctrina porque ven el Crédito Social como la mejor arma para oponerse al comunismo en el terreno económico y social; y también tienen razón. Pero cuando el buen padre Lavergne dice: "El crédito social beneficiaría especialmente a los pobres", está hablando desde el corazón. Está expresando un argumento de gran veracidad. Uno que vale la pena contemplar porque saca a la luz el verdadero significado del Crédito Social.
¿Qué hay que hacer entonces para que los pobres que están privados de los bienes de este mundo se beneficien de esto? Podemos suministrarles bienes materiales, es cierto, pero lo más importante es que primero debemos liberarlos de sus humillantes circunstancias, haciéndolos sentir como cargas sociales, afligidos y pisoteados... condiciones a las que tan a menudo se sienten reducidos.
Desarrollo Incompleto
Se han hecho muchos progresos desde los años 30 para una mejor reforma social y, gracias a la labor de los misioneros de San Miguel, muchos admiten hoy que la sociedad no tiene derecho a dejar a las personas y las familias en la pobreza. Se han establecido medidas, conocidas hoy como Seguridad Social, que ciertamente han aliviado algunas situaciones, pero aun así los beneficiarios siguen en un estado de asistencia. Se les somete a investigaciones y reinvestigaciones, por no hablar de los numerosos retrasos, vejaciones, restricciones, racionamientos... los que reciben la ayuda lo saben... y se les señala con suficiente frecuencia, "si recibes ayuda, es porque otros han trabajado para obtenerla para ti". Esta "ayuda" se extrae de los impuestos que se imponen a los que obtienen un ingreso por su propia contribución a la producción. En otras palabras, los impuestos se extraen de los salarios de la gente. Los pobres, por lo tanto, deben saber que viven del dinero que no han ganado, sino del trabajo de otros, y que la sociedad acepta esta obligación para mantenerlos, pero que ellos [los pobres) son, sin embargo, todos parásitos.
¿Así es como rehabilitaremos a los pobres? Al procurarles lo « esencial », ¿esperamos realmente sacarlos de sus humillantes condiciones? ¿Es así realmente como los liberaremos del aplastante mal entendimiento de que son una carga para la sociedad?
Desarrollo Completo
Pero, ¿en qué se diferencia el dividendo del Crédito Social del sistema de Bienestar Social si ambos proporcionan, digamos, la misma cantidad de dinero a los pobres que no tienen ingresos?
Es completamente diferente, precisamente porque es un dividendo. Un dividendo es el ingreso de un capitalista. No es una limosna para los pobres. Tampoco es un salario ligado a un empleo, sujeto a recibir órdenes de alguien más. No hay ninguna humillación ligada a un dividendo. El dividendo es la renta de un hombre libre. Deja total libertad al capitalista en cuanto al uso de su tiempo y la elección de su carrera.
El dividendo propuesto por el Crédito Social sería enteramente un dividendo social, extrayendo la renta de un "capital social" y dándosela a todos y cada uno de los ciudadanos. Cada ciudadano sería reconocido como un capitalista y por lo tanto tratado como tal. Todo ciudadano, pobre o rico, con o sin ingresos, con o sin empleo, sano o enfermo, un niño en el vientre o un anciano que vive sus últimos días, todos recibirían el mismo dividendo social. Por lo tanto, todos seriamos capitalistas en el mismo nivel, basado en una producción que no es el resultado del trabajo de los empleados, o del dinero de los codiciosos inversores capitalistas.
¿Piensa usted por un momento que el buen padre Lavergne podría permanecer insensible a la perspectiva de una economía que comenzara por asegurar a todos sus feligreses, así como a todos los ciudadanos del país, un estatuto capitalista y el derecho a un dividendo periódico? Sin tener que lidiar con molestas investigaciones preliminares, el cheque de dividendos llegaría mensualmente por correo, o como un depósito directo en una cuenta bancaria, como lo hacen hoy en día las pensiones de la Seguridad Social.
Los pobres ya no se sentirían como una "carga" para la sociedad, viviendo de los ingresos que se han tomado de otros. Ellos también serían capitalistas, al mismo nivel que incluso los mayores accionistas del país, recibiendo su parte de los recursos comunitarios a través de su dividendo social.
Todos Capitalistas
- ¡Pero ese sería un dinero que no se ha ganado! Sí, precisamente. Sería dinero gratis. Gratis porque el mayor aspecto de la producción es gratis, especialmente de la producción moderna.
- ¿Y qué determina que la producción sea "libre", o que se "deba" a alguien?
- En primer lugar, los recursos naturales fueron creados por Dios, sin ninguna contribución humana. Son un regalo gratuito de Dios, creados incluso antes de que el hombre fuera creado, pero preparados especialmente para él como un hábitat donde él, y todas las generaciones que le seguirían, podrían vivir. Este es, con mucho, el aspecto más grande y gratuito de la producción: la tierra, el mar, los ríos, los bosques, las cascadas, los minerales de la tierra y sus metales, la lluvia que riega los cultivos, el sol para madurar los frutos y las cosechas... sin estos recursos naturales, ¿qué podría producir un obrero, y a qué servirían las inversiones de los dólares capitalistas?
Dios es, por lo tanto, el creador de esta abundancia de producción y elige darla generosa y libremente a toda la humanidad, para estar al servicio de todos los seres humanos, y no sólo de ciertos individuos o grupos privilegiados.
Función social
-¿Se trata entonces de una condena de la propiedad privada de tierras o de la explotación de los recursos naturales y de los medios de producción, cuando ésta se inscribe en la categoría de "recursos naturales" pertenecientes a la comunidad?
- No, en absoluto. Dicho simplemente, cualquiera que sea el método o el medio de producción utilizado, debe facilitar y no bloquear el destino universal de los bienes. Lo que llamamos propiedad privada, junto con sus privilegios y responsabilidades, es mucho más una gestión ante Dios y la humanidad, que una propiedad absoluta. De acuerdo con la predisposición natural de la persona humana, al mismo tiempo que contribuye al enriquecimiento de los talentos y el carácter del propietario, la propiedad privada de los medios de producción mantiene una función social. Tanto si los bienes proceden de una empresa privada, de una sociedad capitalista, de una cooperativa o de una institución nacionalizada, sigue siendo la comunidad entera, todos los miembros de la sociedad los que, de alguna manera, deben beneficiarse de ella.
El método de producción es una cosa. El medio de distribución es otra. Ambos deben ordenarse con el mismo objetivo: en primer lugar, determinar eficazmente y proporcionar la cantidad de bienes necesarios para satisfacer las demandas de los consumidores; en segundo lugar, hacer que estos bienes sean accesibles al consumidor con la menor cantidad de dificultades y sin pérdida para el productor, cuya justa ganancia se prorratea con su contribución personal al mantenimiento y flujo de los productos y servicios.
¿No es el mero hecho de que los productos se ofrezcan en el mercado comunitario el reconocimiento de este principio, el destino universal de los bienes? Y si no hubiera una deficiencia del poder adquisitivo, y si el poder adquisitivo estuviera garantizado a todos, como con el dividendo del Crédito Social, se llevaría a cabo este destino universal de los bienes, permitiendo al mismo tiempo al productor recibir su justa ganancia a través de la venta de su producto. En un sistema financiero, se trata de una simple cuestión de contabilidad monetaria, ajustada a la verdadera finalidad de la producción.
Herencia cultural
Otro aspecto libre de la producción - libre en el sentido de que no fue adquirido por nadie, ni siquiera por aquellos que lo usan hoy en día es la herencia de las generaciones que ahora viven. Es el "know-how" acumulado y transmitido a lo largo de los años. Todos los descubrimientos realizados y mejorados a lo largo de los siglos, todos los progresos de la tecnología - todas esas cosas sin las cuales la producción moderna, incluso si se le dedicara más tiempo y esfuerzo, no sería, como la conocemos hoy en día. Incluso el mero hecho de vivir en una comunidad, nuestra existencia como sociedad, ha permitido que estos logros sean salvaguardados, desarrollados y transmitidos a lo largo de los siglos. Este también es un aspecto libre de la producción.
Así pues, son todas estas cosas - los dones que nos han sido dados por las manos del Creador y las herencias recibidas de las generaciones pasadas - todas estas cosas las que constituyen una contribución libre a la producción. Un verdadero capital social, no ganado por nadie y del cual todos son, en el mismo grado, co-capitalistas y co-herederos. Este abundante capital es libre para todos a través de una participación en los frutos, que son el resultado de él.
Con cada ciudadano recibiendo su propio dividendo, ya no sería posible como en el caso del bien- estar, que alguien dijera, "Este dinero que estás recibiendo fue ganado por otros; fue tomado de otros para permitirte vivir". El dividendo del Crédito Social no sería dinero que inicialmente fue ganado por otros, luego tomado de ellos para ser distribuido en dividendos a todos. Más bien, este dinero sería el fruto de un capital libre. Al no haberlo ganado nadie, el dividendo no puede ser gravado; es un dividendo libre, que no quita nada a nadie. La prioridad del dividendo es su poder adquisitivo. Esto es lo que consolida los derechos de cada uno a su participación en los dones del Creador, y en las herencias de las generaciones pasadas. En lugar de la humillación, será una alegría recibir este regalo que concierne a nuestra herencia, juna alegría que el Crédito Social traería a todos!
Un dividendo creciente
Cada vez más vemos que el capital social prevalece sobre el trabajo humano en lo que se refiere a la producción. Habría incluso menos mano de obra si no fuera porque una gran parte de las actividades económicas de hoy en día consisten en producir productos perfectamente inútiles que no son esenciales para el hombre. Esto es exactamente lo que impulsó al fundador del Crédito Social, el ingeniero Clifford H. Douglas, a establecer que "cada vez más el poder adquisitivo debe provenir de los dividendos y cada vez menos de los salarios". Especialmente cuando vemos que la productividad aumenta, sin ningún incremento, e incluso en una reducción de la mano de obra humana.
Si se comprendiera y adoptara esta concepción de la economía, los salarios habrían disminuido en realidad en lugar de aumentar debido a la reducción de las horas de trabajo, pero el dividendo del Crédito Social aumentaría considerablemente. Esto sería satisfactorio para todos, ya que la suma de ambos (salario y dividendo) aseguraría que la producción se distribuyera y que todas las necesidades fueran satisfechas. En cambio, como se ha ignorado el Capital Social y se ha negado a todos un dividendo social, los productores, los asalariados y los capitalistas han ido de un conflicto a otro, terminando siempre por elevar sus respectivas remuneraciones, e incorporando a sus propios salarios y a sus propios beneficios lo que legítimamente debería haber sido distribuido como dividendos a todos. Este robo-porque en realidad es así este robo del dividendo que se debe a todos, incluidos sus propios dividendos, se transforma en costo, lo que en realidad debería ser dado en gratificación a la gente. Una inflación cada vez mayor, que no satisface a nadie, ni siquiera al ladrón, y menos aún a los que están siendo robados.
Muchos otros defectos del sistema financiero actual también podrían ser corregidos gradualmente, y rápidamente, por una economía que proporcione un dividendo a todos. La actual concentración del poder de producción, sólo para mencionar una, que está en manos de sólo unas pocas personas poderosas, ha traído consigo el desarrollo de vastas industrias, que han atraído a las masas a las ciudades llenas de gente. La vida familiar ha sido casi destruida. Los turnos nocturnos tienen trabajadores trabajando todo el tiempo. Los domingos se han convertido en otro día de trabajo normal. Todo esto, a pesar de que las máquinas han facilitado el trabajo de los hombres. ¿No es de extrañar entonces que los trabajadores en estas condiciones se vuelvan irritables, robotizados, despersonalizados? Un dividendo para todos liberaría a estos esclavos del sistema actual, permitiéndoles incluso considerar la posibilidad de formar sus propias empresas más pequeñas y personalizadas, trabajando para hacer del progreso de hoy, un sirviente de todos en lugar del gigantesco "ogro" en que se ha convertido.
Pero, para el establecimiento de una economía de dividendos sería necesario, en primer lugar, eliminar los defectos morales del sistema financiero actual. Trabajar en apoyo de un nuevo y floreciente clima económico que sea favorable a los hombres, fomentando las buenas relaciones entre ellos.
Los ricos
¿Tendrían las clases más ricas de la sociedad también un dividendo social? Absolutamente, ya que ellos también, como el resto de la sociedad, son copropietarios y coherederos del capital social.
Obviamente, el dividendo sería de mayor utilidad para los pobres, como bien entendió el P. Lavergne... "Lo que puede parecer una migaja para el rico, es una barra entera de pan para el pobre."
Pero podríamos añadir que el hecho de que el rico reciba el mismo dividendo que el pobre puede hacerles algún bien. Podría incluso llevarlos a corregir sus errores de juicio, una falta tan común entre los de su clase - este es un tipo diferente de pobreza que la riqueza en dólares corre el riesgo de empeorar.
Para comprenderlo mejor, digamos que el dividendo para todos sería de 1000 dólares al mes, o 12.000 dólares al año, y que las grandes inversiones industriales del Sr. Dupont le aportan unas cien veces esta cantidad al mes, por lo tanto, unos 1.200.000 dólares al año.
Pues bien, a pesar de los considerables ingresos personales del Sr. Dupont, sólo recibiría, aunque fuera ridículamente insignificante para él, el mismo dividendo mensual que su vecino más pobre. Antes de eso, el Sr. Dupont probablemente no habría dudado en asignarse a sí mismo todo el mérito de sus beneficios. Tal vez incluso reflexionando: "Me ha ido bien en la vida, he tenido éxito. He ganado mucho. He colocado hábilmente mis ganancias. Esta buena fortuna de la que disfruto sólo me la debo a mí mismo y seguramente seguiré triunfando". Es fácil entonces para el Sr. Dupont olvidar completamente que buena parte de sus logros se debieron inicialmente, de hecho, a la existencial preliminar de los recursos naturales creados por Dios, y a través de procesos de producción que continuaron mejorando a lo largo de los tiempos y que fueron transmitidos a través de las generaciones por nuestros predecesores, y todo esto sin ningún mérito propio.
Pero si nuestro Sr. Dupont, aunque rico en dólares, no ha perdido completamente la capacidad de razonar, recibir esta humilde suma de 1.000 dólares al mes podría hacer que sonara una nueva nota en este himno a su fortuna: "No gané estos 1.000 dólares más que cualquier otro miembro de la comunidad. Es tanto para mí, como para el pobre Juan de la calle. Es un regalo de Dios, un legado del pasado, al que no he contribuido en absoluto. De hecho, y esto es algo en lo que nunca he pensado antes, puede que sean más que mis propios méritos los que han entrado en esta reserva de fondos anual de 1.200.000 dólares, a la que he sido gratificado. ¿Qué tendría hoy si no hubiera sido inicialmente por la riqueza de los recursos naturales creados por Dios para todos los hombres? ¿Y si no hubiera una sociedad ordenada y establecida que permitiera una división del trabajo, y la competencia adquirida por otros para hacer que mis inversiones dieran fruto?"
El dividendo social es capaz de provocar una conversión asombrosa por parte del Sr. Dupont, mientras que su gran "reserva de fondos" anual, que vale mucho más, no hacía sino convertirlo en un ciego social egoísta, totalmente inconsciente de dónde le llevaba esto en su vida.
Un toque de cristianismo
En cierto sentido, esto demuestra que el dividendo del Credo Social abarca una especie de "sacralidad", por el alivio material que aporta a los pobres y por el efecto saludable que puede evocar en los corazones de los demás.
En todo caso, este dividendo, basado en la producción que representa y dado libremente a todos. sin referencia a ningún estatus social o fortuna adquirida, no nos hace recordar un poco la mesa común, alrededor de la cual todos pueden sentarse como hermanos y recibir con agradecimiento, lo que nos enseñó el mismo Cristo a pedir a nuestro Padre Celestial: "Danos hoy nuestro pan de cada día"? (Mateo 6:11).
