Como está la Iglesia, está el mundo...

A medida que el 2021 se pone en marcha, lo que hemos aprendido de los eventos del 2020 en relación al área hispanoparlante, es que hay dos visiones del mundo importantes y tienen mucho que ver entre sí.

Pero lo que había logrado permanecer oculto en su mayor parte antes del 2020, ha salido a la luz; unos afirman ser "latino-americanos" de izquierdas o católico de izquierdas, pero, en realidad, son dos visiones de lo mismo.

Tanto el uno como el otro son marxistas (sépanlo o no] que no profesan la verdadera fe católica y apostólica. Dejando de lado el paralelismo entre nación e Iglesia, y centrándonos exclusivamente en la Iglesia, lo que esto ha provocado es una crisis en la Iglesia.

Hoy por hoy, en la práctica, hay dos iglesias que operan bajo la misma bandera, así como hay dos bandos operando en una nación. En el ámbito religioso, una de las iglesias niega las verdades bíblicas, pervierte la moralidad y distorsiona la doctrina. Esta "iglesia" habla de justicia social, pero niega la justicia de Dios y, debemos agregar, son muy bue- nos en todo eso.

Lo que el Padre Juan Rivas de México, sacerdote Legionario, nos afirma es contundente:

"Formen pequeñas comunidades de vida Cristiana, invoquen al Espíritu santo, lean la Escritura y estudien el catecismo. Ningún sacerdote les va a ayudar, no quieren aceptar que ya no es una Iglesia sino dos, con dos cabezas diferentes, pensando diferente, caminando en sentido opuesto. Y ya nada más están esperando que muera el que los detiene".

El problema es que la división dentro de la Iglesia, que ahora ha estallado a la vista de muchos, no solo está dentro de las filas de los obispos, sino que ha descendido al nivel de las parroquias e incluso de familias. En la mayoría de las parroquias católicas de muchos países (y probablemente del mundo), lo más probable es que, si usted es un católico que cree y sostiene todo lo que enseña la Iglesia, será "etiquetado" como enemigo del Papa y de los Obispos.

La mayoría de los que se creen católicos, no cree en la Presencia Real de nuestro Señor. La mayoría no acepta ni una pizca de las enseñanzas de la Iglesia con respecto a la moral sexual. La vida devocional se ha vuelto esencialmente sin sentido para casi todos los católicos (incluidos los obispos), demostrado una y otra vez, por el permiso que otorgan para los abusos en la liturgia y la inmoralidad entre su personal y los trabajadores de algunas cancillerías.

Es de opinión de estudiosos que, la mayor amenaza para la fe, no proviene de ninguno de esos problemas en sí, sino de la aceptación del universalismo: la idea de que todos se salvan o que tan pocos están realmente condenados o incluso en peligro de ser condenados, que toda la enseñanza Católica de siempre, se vuelve inútil.

Por ejemplo, el obispo Robert Barron puede ser el portador de la antorcha de ese pensamiento con su posición anticatólica de que, tenemos una esperanza razonable de que todos los hombres se salven. Pero al no corregirlo y reafirmar la enseñanza perenne de la Iglesia, sus compañeros obispos permiten que ese malvado pensamiento crezca. Si bien no es la primera vez en la Iglesia que se habla sobre la crisis, esto puede bien servir como una palabra de advertencia para los pastores de la Iglesia.

La única arma eficaz contra este mal, de hecho, todo mal, es la Iglesia Católica, imbuida del poder divino para vencer ese mal y presentar el camino al cielo.

Si la fe desaparece, el hombre, no creyendo más ser llamado a la perfección moral y a la vida eterna cerca de Dios, se entregará ventajosamente al placer desordenado de esta vida.

La crisis actual atenta también contra los laicos. Esto es lo que experimentamos hoy en día. Fidelidad, pureza, justicia, espíritu de sacrificio, etc., ya no son, incluso entre los católicos, valores incontestables. De cada tres matrimonios, uno termina después de cinco o diez años en divorcio, y se sabe que un segundo matrimonio después del divorcio es solicitado por un número cada vez más grande de católicos. La revista Herderkorrespondenz de marzo de 1984 dio a conocer que, en el Tyrol católico, 84% de la población rechaza la enseñanza de la Iglesia sobre la contracepción, y que, entre los 18-30 años, la adhesión plena es casi nula [1.8%). En Valais, 81.5% de los católicos estiman que las personas divorciadas y casadas en segundas nupcias deben poder comulgar. En Francia, en el año 2003, un cuarto de los católicos practicantes declararon que, para ellos, "la idea de pecado no significa gran cosa".

Y como si esto fuera poco, hay una tremenda crisis en el clero, que se refleja en la crisis en los laicos. La falta de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, así como las numerosas defecciones, manifiestan la crisis profunda que prevalece también en el clero. El clero, donde numerosos miembros han perdido la fe, no están en condiciones de comunicar esta fe y de entusiasmar a los hombres por ella.

Pero una Iglesia en crisis, dividida, queda castrada contra el mal, paralizada e incapaz de luchar. Hasta que no termine la crisis del episcopado, continuará la crisis de la Iglesia, con sus graves consecuencias para la humanidad.

Ya lo decía San Pio X:

"Cuando esta Doctrina no pueda ya guardarse in- corruptible y que el imperio de la verdad no sea ya posible en este mundo, entonces, el Hijo de Dios aparecerá una segunda vez, pero hasta ese último día, debemos mantener intacto el depósito Sagrado y repetir la gloriosa declaración de san Hilario:'vale más morir en este siglo, que corromper la castidad de la verdad".