El lunes, 19 de febrero de 2007, el Santo Padre Benedicto XVI, ha subrayado en su discurso, la necesidad de reencontrarnos con el Sacramento de la Confesión. 

A continuación podrán leer su intervención.- En esta, nuestra época, marcada por tantos desafíos religiosos y sociales, es necesario redescubrir y reproponer el sacramento de la penitencia. Es la exhortación que ha dirigido Benedicto XVI en su discurso  ... »

Se denomina sacramento de la Penitencia porque consagra un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación por parte del cristiano pecador. Es llamado sacramento de la confesión porque la declaración o manifestación, la confesión  de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento. En unsentido profundo este sacramento es también una "confesión", reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia para con el hombre pecador. CIC 1423-1424 

Lunes, 19 feb (RV).- En esta, nuestra época, marcada por tantos desafíos religiosos y sociales, es necesario redescubrir y reproponer el sacramento de la penitencia. Es la exhortación que ha dirigido Benedicto XVI en su discurso a los penitenciarios de las cuatro Basílicas Pontificias, recibidos esta mañana en audiencia. El Papa ha exhortado a los confesores de las basílicas de san Juan de Letrán, san Pedro, san Pablo Extramuros y santa María la Mayor, a enraizar en su vida el mensaje de la salvación del que son portadores como sacerdotes elegidos por Cristo.

El confesor es el trámite de un maravilloso evento de gracia: el renacer espiritual, fruto de la misericordia divina, que transforma al penitente en una nueva criatura. Es un milagro que solamente Dios puede realizar, por medio de las palabras y los gestos del sacerdote: la absolución pronunciada en nombre y por cuenta de la Iglesia. 

Benedicto XVI se ha detenido sobre el significado del misterio desarrollado por los penitenciarios, precisando que en la confesión el sacerdote, con docilidad, al Magisterio de la Iglesia: "Se hace ministro de la consoladora misericordia de Dios, evidencia la realidad del pecado y manifiesta al mismo tiempo la inconmensurable potencia renovadora del amor divino, amor que devuelve la vida".

Un amor que tantos buscan y que se puede experimentar precisamente en el Sacramento de la penitencia, ha añadido el Papa: ¡Cuántas personas en dificultad buscan la confortación y el consuelo de Cristo! ¡Cuántos penitentes encuentran en la confesión la paz y la alegría que anhelaban desde hacía mucho tiempo! ¿Cómo no reconocer que también en esta, nuestra época, marcada por tantos desafíos religiosos y sociales, es necesario redescubrir y reproponer este Sacramento?

Al administrar el Sacramento de la penitencia, ha dicho también el Papa. "el confesor no es un espectador pasivo", "sino instrumento activo de la misericordia divina", que está llamado a ser "padre", "juez espiritual", "maestro" y "educador": "Por lo tanto, es menester que sume a una buena sensibilidad espiritual y pastoral una seria preparación teológica, moral y pedagógica que lo haga capaz de comprender las vivencias de la persona. Además, es también muy útil que conozca los ambientes sociales, culturales y profesionales de cuantos se acercan al confesionario, para poder ofrecer consejos idóneos y orientaciones espirituales prácticos". 

También el Pontífice ha querido subrayar, en particular, el carácter espiritual del ministerio del confesionario, e, indicando los rasgos, ha explicado: "A la sabiduría humana, a la preparación teológica es necesario unir una profunda espiritualidad alimentada por el contacto orante con Cristo, Maestro y Redentor".

En el servicio peculiar que el confesor desarrolla en virtud de la ordenación presbiteral, ha precisado Benedicto XVI, las "dotes humanas", "sin duda inadecuadas", quedan reforzadas por la Gracia por medio de "la humilde y fiel adhesión a los designios salvíficos de Cristo". Adhesión que, sin embargo, necesita de una predisposición interior: 

"Para cumplir este deber debemos, en primer lugar, enraizar en nosotros mismos este mensaje de salvación y dejar que nos transforme profundamente. No podemos predicar el perdón y la reconciliación a los demás, si no estamos personalmente penetrados. Cristo nos ha elegido, queridos sacerdotes, para ser los únicos que pueden perdonar los pecados en su nombre: se trata entonces de un específico servicio eclesial al cual debemos dar la prioridad".

ACTO DE CONTRICCIÓN

! Señor mío Jesucristo! Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que, por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna.

Amén.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.